Para los escritores y periodistas de credo católico, Francisco de Sales nacido en Annecy en la región de Saboya (Francia) en 1567, representa por tradición su santo patrono. Y la razón está en que fue muy inclinado a divulgar el Evangelio y las doctrinas de la Iglesia mediante panfletos y cartas (alrededor de 30.000 misivas) de exhortación, aunque también abordó temas seculares pero siempre con un profundo sentido de mejorar la convivencia humana. Es más, su prudencia y ausencia de morbo al abordar sus temas lo catalogan como un “caballero de la literatura”.

De su temperamento o personalidad se tiene que, desde su niñez demostró un carácter iracundo tan evidente que él mismo consciente de su debilidad, luchó por 19 años en amansarlo y para ello realizaba rígidos ejercicios de piedad con la fe de desterrar ese defecto. Así pues, sus últimos años de vida serían un poco más sosegados, sin que eso desmereciera su firmeza de alzar la voz de la verdad y la justicia a favor de los más humildes. También ostentó los méritos de obispo de Ginebra y fundó la orden de las hermanas de la Visitación en 1618 con la colaboración, de santa Juana de Chantal. Francisco también fue un importante protagonista de la contrarreforma.

Retomando el aspecto de su vocación literaria, se destaca su pensamiento elevado, lo cual le llevó a escribir Introducción a la vida devota en 1609 y Tratado del amor de Dios como guía a seguir en la Orden de la Visitación. Cabe agregar que Juan Bosco, santo italiano del siglo diecinueve, al sentir gran admiración a san Francisco de Sales, fundó la orden de los Salesianos por cierto muy abocada también a la difusión de literatura religiosa.

Francisco de Sales falleció en Lyon en 1622 a sus 55 años, luego fue declarado doctor de la Iglesia el 6 de noviembre de 1871 por el papa Pío IX, en virtud de que sus principales libros encierran una materia digna, de enriquecer a la doctrina católica.

De todo lo anterior se tiene que la Iglesia ve con beneplácito la labor de Francisco de Sales, y es que de todas maneras este Magisterio en su tradicional misión divulgadora de valores morales y cristianos a menudo insta, no solo a los escritores cristianos sino también a todas las formas seculares de difusión de prensa, a seguir el ejemplo de tan santos hombres de celo evangélico; por eso el decreto Inter Mirificat (del Concilio Vaticano II) en su artículo 5 expone:…Existe, pues en el seno de la sociedad humana el derecho a la información sobre aquellas cosas que conviene a los hombres, …Sin embargo el correcto uso de este derecho que exige la información sea siempre objetivamente verdadera…”.

En el artículo 8, se afirma: “Como quiera que la opinión pública ejerce hoy un poderoso influjo en todos los órdenes de la vida social, pública y privada, es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de justicia y caridad también en esta materia y por tanto que también, con el auxilio de estos medios se procure informar y divulgar una recta opinión pública.”

Ojalá todos los escritores vigentes y en especial los periodistas de corte moralista y piadoso, tengan presente pedir a san Francisco de Sales que interceda ante Nuestro Señor Jesucristo, para que les de santa inspiración a la hora de ejercer el arte de las letras.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos