Comúnmente, la gente piensa que la mediocridad anida solo en las personas que nunca se superaron académicamente, o en lo laboral. Empero, hay otras dimensiones de mediocridad, así pues, existen individuos que eligen una profesión u oficio solo con el interés de ganar mucho dinero, o tener alto estatus social y fama, pero en el fondo son personas negligentes, y a veces hasta entregadas a vicios, y sin sentido de servicio legítimo hacia los demás.

Por eso sobreabundan médicos, ingenieros, abogados, economistas y una serie de personajes, sin ética ni valores morales.

Y la cosa se empeora, cuando algunos de esos, incurren en el campo de la política y en dado momento ostentan altos puestos de gobierno. Entonces, se tiene la presencia de ministros, diputados y otros jerarcas que solo les interesa vivir del erario público.
Además, cada vez que esos fulanos cometen errores en su gestión pública, sea por peculado, tráfico de influencias o simple ineptitud, entonces el presidente de turno, lo que hace es trasladarlos a otro puesto.

Del tal forma, se da el hecho de fulanos que se creen grandes genios para gobernar un país o región, pero al fin de cuentas, no tienen capacidad para hacerlo. Esta realidad puede remitirnos, a la presente idea: “Poned un cetro en manos de un mediocre y se creerá una divinidad”.

En otros ámbitos, están presentes los individuos con mediocridad ideológica, que llegan hasta el fanatismo de defender aspectos religiosos y doctrinas políticas ilógicas, o en demasía utópicas. Y a eso se puede sumar, la codicia de tratar de dominar el mundo, en lo económico, en lo político u otros aspectos. Por eso han surgido el comunismo totalitario, la masonería, iluminismo, liberalismo económico y político, entre otras formas, que al estar distorsionadas con respecto a los legítimos valores humanísticos, causan más caos que orden.

En cambio, las personas solidarias con espíritu de servicio, son las que no siguen la mediocridad, por eso basta citar a personajes como San Francisco de Asís, la madre Teresa de Calcuta, la beata Sor María Romero o Fray Casiano de Madrid, entre tantos más.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos