El pertinaz enigma de Bella, la mujer enterrada en el tronco de un olmo en 1943

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El olmo era un árbol bajito y bulboso con ramas que se levantaban como el pelo del diablo.

Pero ya no está ahí: cuando el cuerpo fue descubierto, estaba tan incrustado en el tronco que las autoridades tuvieron que llamar a un leñador para que lo talara.

El misterio empezó donde apunta la flecha de esta foto que la policía distribuyó pidiendo información.

Un día de abril de 1943, cuatro jóvenes estaban buscando huevos y vieron el olmo en el bosque de Hagley Wood, en el centro de Inglaterra, el lugar perfecto para un nido de pájaro.

Cuando miraron adentro del tronco vieron algo blanco. Con una rama intentaron sacarlo y, horrorizados, vieron caer una calavera.

¡Habían transgredido propiedad privada y encima habían encontrado restos humanos!

Rápidamente la volvieron a enterrar en el olmo.

Pero el secreto era demasiado grande y uno de los chicos se lo contó a sus padres.

Llamaron a la policía y con la ayuda de voluntarios revisaron todo el área.

Dicen que encontraron una de las manos lejos del árbol en el que hallaron la mayoría de los restos, lo que levantó sospechas de rituales paganos.

En ese lugar del bosque…

“Hay historias de reuniones de brujas y brujos en el bosque desde la década de 1940 y de que todavía hay aquelarres”, comenta John Lund, quien trabajaba en ese entonces en el Laboratorio de Ciencias Forenses de Westmidland, Reino Unido, con el patólogo forense James Webster.

Pero antes de meternos en ese mágico mundo, vamos al de la ciencia, con este invaluable testigo presencial.

Era un lugar excelente para esconder el cadáver“, le dice a la BBC el biólogo forense.

A sus 101 años de edad recuerda bien el caso.

“Los primeros restos llegaron al laboratorio el 20 de abril; lo sé porque yo llevaba un diario y dado lo extraordinario del caso, registré todo”.

“Los huesos no tenían ningún resto de carne. Lo que quedaba era lo que los animales no habían podido arrancar. Webster me trajo un manojo de cabello que estaba pegado al cráneo. Era muy fino pero pude reportar que no estaba ni teñido ni ondulado artificialmente”.

“La policía estaba interesada en saber cómo estaba vestida. Teníamos pedacitos de tela muy podrida. No era de buena calidad. Pero no pude encontrar restos de alguna falda o vestido. ‘¡Oh! -exclamó Webster- Hay un pedazo de tela metido en el cráneo’. Resultó ser la falda”.

“Cuando vi los restos juntos por primera vez pensé que no iba a ser capaz de hacer nada con ellos, pero pude”.

Con la ayuda de Lund, Webster concluyó que la mujer había sido asfixiada y que quizás había tenido un bebé, pero la evidencia no era concluyente.

Además, sabían que “habría sido imposible incrustarla de tal forma en el tronco del árbol si ya se hubiera producido el rigor mortis“.

De manera que la enterraron en su inusual tumba viva o recién muerta.

Metieron sus pies primero -algo que difícilmente podía hacer una sola persona-, y llevaba ahí al menos 18 meses.

El paso obvio en la actualidad sería hacer una prueba de ADN… ¿Dónde está el cuerpo?

“Hasta donde yo sé, se lo llevaron a la universidad”…

¿Y los archivos del laboratorio?

“Pues esa pregunta es interesante… ¡No sabemos qué pasó! ¿Dónde están los registros o cualquier otra propiedad del laboratorio sobre el caso ahora?”, señala Lund.

Efectivamente, ni la Oficina de Registro Nacional ni en la Universidad de Birmingham tienen los archivos forenses, ni siquiera registro de haber recibido un cuerpo: todo se desvaneció.

Un retrato

Joyce M. Coley, autora de “Bella, un asesinato irresoluto”, está convencida de que por mucho tiempo se ha tratado de despistar a la gente.

“¡La forma en la que ha sido encubierto! ¡Ojalá supiera por qué! Lo que sé es que si pides información, si solicitas ver el esqueleto, si preguntas algo, te chocas contra una pared“, le dice la escritora a la BBC.

Coley recuerda que la policía revisó infructuosamente miles de registros para tratar de identificar a la víctima.

Aunque señala que podría ser otro engaño, cuenta que “hicieron un retrato hablado en el que ella tenía una falda marrón, una enagua color melocotón, un suéter rayado y un anillo de matrimonio barato…”.

Sin cuerpo ni registros, ¿cómo encontraron su nombre?

“Fue unos 18 meses después del hallazgo de sus restos que empezaron a aparecer grafitis que en letra grande preguntaban “¿Quién puso a Bella en el olmo?“.

“Daba la impresión de que alguien sabía algo sobre ese crimen, así que empezaron a buscar entre los reportes de personas desaparecidas a ver si encontraban a alguna Bella o Anabella o Isabella”.

“De ahí surgió el nombre, pero nadie sabe si ese era el suyo o no”, explica Coley.

Recurramos a la brujería

Sin cuerpo ni archivos, volvamos al aquelarre.

Conjuremos al historiador Ronald Hutton, experto en paganismo y brujería a ver si nos puede iluminar.

“Los ocultistas ingleses trabajaron mucho como parte de la campaña solidaria de la población civil durante la Segunda Guerra Mundial. Meditaron, usaron su fuerza colectiva para tratar de meterse en la cabeza de los nazis“.

“Sabemos de eventos como la ‘operación cono de poder’, que fue una famosa ocasión en agosto de 1940 en la que un grupo de brujas hicieron un ritual en la costa sur de Inglaterra para levantar la fuerza de la energía y evitar que Hitler invadiera“, explica.

“Quizás tuvo algún efecto…”.

Pues lo cierto es que los alemanes no invadieron. Pero a lo nuestro: ¿hay algún vínculo con el caso de Bella?

“Si hubiera habido objetos con ella, o si el cuerpo hubiera sido posicionado de alguna manera especial, si hubiera habido un patrón de daño en los restos, tendríamos indicaciones de que fue una muerte relacionada con un culto,pero no las hay“, concluye el experto.

Interesante, pero, ¿y ahora?

¿Será que una caminata de un padre con su hijo nos puede dar alguna pista?

El hijo es Peter Douglas Osborn, consejero del Partido Conservador británico en Birmingham. Y la caminata tuvo lugar cuando tenía 6 años.

Su padre fue el soldado al que le tocó la espantosa tarea de cuidar el cuerpodurante la noche entre el descubrimiento y la llegada del leñador.

Después de la guerra, cuando el padre estaba viajando de vuelta a casa, se puso a charlar en Italia con unos miembros de inteligencia de la Real Fuerza Armada y les relató su calvario en esa noche.

Ellos le contaron sobre un archivo que habían visto.

“La historia que le contaron fue que había habido una dama que estaba involucrada con el espionaje, que había sido parte del círculo de (Hermann Wilhelm) Göring -lugarteniente de Hitler y comandante de la Luftwaffe-, que se había educado o en Cambridge o en Oxford, y tenía unos dientes muy distintivos. Los frontales se le cruzaban un poco”.

“Los registros dentales -me dijo mi padre- correspondían a los de Bella, que había sido joven, multilingüe, inteligente y, obviamente, ideal para los servicios de espionaje“.

Curiosamente, unos años más tarde, su padre cambió de historia.

“Dijo que no había tenido nada que ver con eso, lo que me pareció peculiar, y agregó que no quería discutirlo. ‘No quiero tener nada que ver con eso’, fueron las palabras que usó”, recuerda Osborn.

¿No una bruja sino una espía?

Había mujeres espías y el área en la que ella vivía es ciertamente un lugar que le interesaría a los agentes secretos, pero no parece haber ninguna evidencia que conecte al cuerpo en el olmo con el espionaje”, señala James Hayward, autor, entre otras cosas, de “Mitos y leyendas de la Segunda Guerra Mundial”.

“Además, es una manera extraña de deshacerse de un espía muerto”, agrega.

Pero si no era una bruja y tampoco una espía, ¿quién podía haber sido?

En 1953, el diario local, Express & Star, recibió una carta anónima, luego de que publicaran una serie de artículos sobre el caso.

Carta

Los artículos sobre la bruja del olmo son interesantes para sus lectores, pero ustedes nunca lograrán develar el misterio.

Una persona que podría hacerlo está ya bajo la jurisdicción de las cortes celestes.

El asunto está cerrado y no involucra a ninguna bruja ni magia negra ni rituales a la luz de la Luna.

Las únicas pistas que les puedo dar son: la persona responsable del crimen murió demente en 1942, la víctima era holandesa y llegó ilegalmente a Inglaterra más o menos en 1941.

No quiero recordar nada más.

Anna, Claverley“.

Carta

El diario no pudo establecer quién era Anna de Claverley.

Pero Judith O’Donovan se comunicó con la BBC para decir que ella sabía quién era Anna.

Su nombre era Una y era la esposa de Jack Mossop, quien trabajaba en una fábrica de municiones durante la guerra. Según la leyenda familiar, él estaba de alguna manera involucrado con el asesinato de la mujer cuyo cuerpo fue encontrado en Hagley Wood”, le dijo a la BBC.

¿Cómo lo sabe?

“Porque Jack Mossop era primo de mi papá. Según mi mamá, era extremadamente buenmozo y durante la guerra se vestía muy bien, lo que por supuesto levantó sospechas pues en ese tiempo la gente no podía darse esos lujos”.

“La madre de Jack vivía en la aldea de Claverley y él iba a menudo con un holandés, que nunca se supo bien quién era”.

“La familia sabía que estaba metido en algo, y como trabajaba en esa fábrica, asumieron que estaba pasando información”.

“Eso fue todo lo que se dijo. Pero él le confesó todo a su madre y a su esposa“.

La confesión

Además de la carta al diario, Una Mossop, en 1953, dejó consignada esa confesión de su fallecido esposo en una declaración que le dio a la policía.

Jack se había encontrado en un pub con el holandés -que se llamaba van Ralt-, quien estaba discutiendo con una holandesa. Ella se desmayó y fueron al bosque y la metieron en un árbol. Van Ralt dijo que ella entraría en razón la mañana siguiente.

Así que, según Jack le dijo a Una, Bella estaba viva cuando la dejaron.

Sin embargo, Una agrega que Jack tenía pesadillas recurrentes en las que veía una calavera en un árbol o a la mujer mirándolo. Aún con su mente atormentada, menos de un año después, Jack falleció en un hospital mental.

Tenía 29 años de edad. Bella aún no había sido encontrada.

La policía trató en vano de encontrar a van Ralt. Eventualmente, cerró el caso.

¿Revelado el misterio?

La BBC le entregó todo lo que encontró al perito Norman Fenton para que lo analizara utilizando el sistema que le sirve para evaluar la probabilidad de inocencia o culpa en los más complicados juicios criminales.

Tras introducir toda la información, y con un programa que diseñó especialmente para este caso, nos entregó datos sorprendentemente precisos.

¿Cómo?

“Inicialmente había una probabilidad del 50% de que Una fuera un testigo confiable, pero terminamos sólo 31% seguros de que lo fuera. Ella no ofrece ninguna evidencia y además la desacredita el hecho de que esperó 12 años para hacer su declaración”, explica el experto.

Fenton agrega que tendríamos que contar con otros cuatro testigos que independientemente compartieran la misma hipótesis.

Una última posibilidad

La tecnología moderna muy probablemente podría resolver este caso, pero la evidencia desapareció.

Al final, encontramos, en el fondo del archivo de la policía, una corta y aparentemente olvidada declaración.

La fecha: 7 de abril 1944.

Un detective le informó a su superior que una prostituta de Birmingham le contó que una mujer llamada Bella, que se dedicaba a lo mismo que ella y frecuentaba la calle en la que estaban, había desaparecido hacía tres años.

Lamentablemente, es mucho más probable que ésta sea la verdadera historia de Bella, no las de espías o brujas.

En cualquier caso, no responde la pregunta que aún hoy permanece escrita en Hagley: ¿Quién puso a Bella en el olmo?

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