No sé quién a creado este complot contra mi, pero le digo: Está resultando”.

Últimamente los días no andan muy bien acomodados, caminan torcidos como si las patas les dolieran y ¿Cuando algo duele? Todo incomoda. Los días están acumulándoseme en forma de “gorilas en la espalda”, me respiran fuerte y caliente, me queman la oreja y parte de la sien. ¡Son los años! Ahora entiendo el famoso club de los 27, claramente, no tengo ni pizca de fama ni dinero, ni mucho menos la pinta de ser alguna clase de celebridad, ni pelo tengo, pero, de verdad que no hace falta cuando los recuerdos te ahogan a temprana edad.

Tengo recuerdos variados, hay chiquitos, los hay grandotes, los hay medianos, grotescos, parlantes, silenciosos, chillones, nostálgicos, flacos, gordos, insoportables y muy sexuales. Los sexuales se han disipado gracias al ruido que hacen los días con su respiración fuerte y pesada. Me espantan el libido, me espantan a la alegría, veo donde recoge sus labiales y sus faldas con los pezones “erguidos” ¡Otra vez se le ha olvidado el sostén! Y se va por la puerta corriendo con susto, bueno no, sola, pero asustada.

Y ahí voy yo, corriendo tras ella diciéndole: ¡Mujer, me dejas triste y también el sostén! Me saca el dedo y me hace muecas, horribles, me deja, quedo solo, vacío, temblando. Y sé acercan los días grandotes, pesados y horribles con formas de gorilas, me respiran más de cerca en la nuca y un poco en la sien, hacen de mi estado de paz un torbellino, me sacan el alma y la meten a la lavadora, le echan jabón de ropa, y presionan el botón de “Iniciar”, y aquí empieza mi dolor.

¿A ver, quién anda detrás de todo esto? ¿Satanás? No creo en él, Satanás somos todos cuando decidimos hacer el mal, ¿Entonces? ¿Quién? ¿Yo mismo? ¡Nah! No me vengan con esas tonterías, siempre he querido vivir, pero nunca he podido.  He nacido jodidamente roto, despreciablemente sensible y horriblemente deforme, o al menos, así me percibo.

Yo solo quiero una sola cosa, que me haga sentir que debo de estar aquí, ser así y hacer lo que hago, no quiero sentir que debo de ser otra persona, porque les juro que lo he intentado. Terminó la lavadora de lavar mi alma, los recuerdos la sacaron y la pusieron al sol, secándose, ventilándose, chueca, molida, ardiente y ahora me duele más, los recuerdos no me hacen bien, me lavan la voluntad día tras día y yo quiero vivir, pero temo que prefiera morir.

Por: Nicole Paola Ramírez Sancho

(n. 1994, Esparza, Puntarenas, Costa Rica). Estudió diseño gráfico en la Universidad Técnica Nacional.

Es ilustradora, amante del arte y le fascina escribir cuentos cortos dotados de reflexión.