“No hay democracia sin dinero para pagar sus costos: campañas electorales, funcionamiento de los partidos políticos, actividades de estudio, análisis y preparación de políticas públicas, etc. Pero cuando el dinero es el que determina e impone candidatos, partidos y políticas públicas, la democracia deja paso a la “plutocracia”, el gobierno de los que manejan el dinero”

En todos lados, el dinero es influyente en la política, pero en nuestra ciudad de Cartagena y en el departamento de Bolívar, más que en ninguna otra parte, el dinero se concentra en pocas manos. Dos son las razones determinantes. Por un lado, nuestra ciudad y nuestro departamento tienen la distribución de ingreso y riqueza más desigual de la región y posiblemente del país. Por otro, en varios de nuestro sistema de gobierno llámese departamental y distrital, el poder de decisión, sobre todo el que se refiere a servicios públicos, se ha concentrado en el poder ejecutivo y/o ordenador del gasto.

La concentración de dinero produce concentración de poder, y no se trata de dinero en abstracto, sino de los intereses que representa el dinero. Estos intereses pueden y a menudo logran pesar más que la expresión de la voluntad popular.

El dinero y el político corren el riesgo de que las democracias sirvan sólo a quienes concentran dinero y no al interés general, representa una amenaza sobre la construcción permanente de legitimidad. Cuando en un sistema democrático un gobernante pierde legitimidad, tarde o temprano pierde autoridad y es cuando comienza a fallar.

En el imaginario colectivo se considera que un político sin dinero en abundancia no es político, lo que quiere decir que las relaciones entre dinero y político son muy complejas y peligrosas venga de donde venga, y más aún cuando se trata del dinero privado, es grave porque éste puede imponer sus intereses al interés general. Ahora cuando se trata de dinero público es aún más grave, porque instala una oligarquía de funcionarios-políticos-gerentes que pueden disponer del tesoro público en nombre de las mayorías pero sustraídos al control de estas.

Algunos casos en Bolívar y en Cartagena donde el político-gobernante tomó decisiones por su concentración de dinero y por su relación con dineros privados sin importarle el interés general, tenemos lo sucedido con el traslado de la sede de la gobernación de Bolívar a un predio particular en el municipio de Turbaco (Bolívar), trayendo consigo el cierre del Palacio de la Proclamación que según sería remodelado para fines turísticos pero que transcurridos más de dos años no hay autoridad alguna que se preocupe del porque la obra sigue paralizada.

Fue tanto el poder económico-político del exgobernador Juan Carlos Gossain Roggnini, que primero arrendó locales y un edificio para el funcionamiento de la parte administrativa mientras terminaban la construcción del edificio en Turbaco llamado hoy “Centro Administrativo de la Gobernación de Bolívar”, que sea dicho

de paso no es de propiedad de la Gobernación, sino que la negociación económica hecha por el exgobernador con los constructores y/o dueños del edificio fue de arrendamiento durante quince (15) años, que cumplidos estos la gobernación podría a través del sistema financiero “leasing” proponerle a sus propietarios la compra del edificio.

Este caso, sin mencionar otros más, muestra a las claras la tenebrosa relación entre el dinero en abundancia y las decisiones políticas, pero más tétrico es la relación entre el dinero privado, el dinero del tesoro público y las decisiones políticas como sucedió en la administración departamental pasada.


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