En el contexto del Concilio Vaticano II, se promulgaron algunos lineamientos sobre el ecumenismo. Sin embargo, el ecumenismo pese a que intenta establecer las buenas relaciones entre las diversas religiones en el mundo, eso no ha evitado ciertas tensiones y oposiciones contra la misma Iglesia Católica.

Ese tipo de cosas, evidencian que realmente no puede darse unidad fraternal mientras subsistan fuertes oposiciones y no se respete la libertad de credos. Claro, esa búsqueda de libertad no debería dar pie a la postura de tantas herejías que tratan de menoscabar la verdad del Evangelio. Y es que en este sentido, en el mismo seno de la Iglesia Católica están presentes grupos que intentan apostatar, sobre algunos aspectos dogmáticos o de fe.
Por otra parte, el sectarismo protestante ha hecho que la mayoría de sus seguidores se encarguen de atacar de palabra a los católicos. De allí que, nos acusan de adorar imágenes, que el Papa es el anticristo, que la Iglesia es la prostituta o gran Babilonia, que la Virgen no es la Madre de Dios… ¡suficiente! para entender como los protestantes con esa actitud, niegan las verdades de la fe y de los dogmas.

En el Santo Evangelio, se narra: “Juan le dijo: _Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre; y tratamos de impedírselo, porque no es uno de los nuestros.
Jesús le contestó_ No se lo prohíban, porque el que no está en contra de nosotros, está a nuestro favor.” S. Lucas 9-49-50.

La mística alemana Ana Catalina Emmerich (1774-1824), con notable luz espiritual externó: “Vi todo lo que respecta al protestantismo tomar cada vez más poder, y la religión caer en decadencia completa. (AA.III.137) Había en Roma, incluso entre los prelados, muchas personas de sentimientos poco católicos que trabajaban para el éxito de este asunto (la fusión de las iglesias).”

Entonces, en el tema del ecumenismo muchos lo han confundido con la simple libertad de credos, pero cabe reiterar que esa libertad no siempre garantiza, el respeto entre las personas ni la verdadera unión fraternal.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos