Este mundo tan tecnológico, presenta una serie de irresponsabilidades de parte de empresarios, científicos y los gobiernos. Vemos pues, el caso de la plataforma petrolera que explotó hace unos años en el Golfo de México y que ha causó un desastre ecológico. Lo anterior demuestra que la explotación petrolera marina contiene grandes riesgos de contaminación, al medio ambiente.

En el caso de la planta nuclear de Fukushima que sufrió importantes daños consecuencia del terrible terremoto en el archipiélago japonés, se ha evidenciado que el uso de la energía atómica siempre representa, un grave peligro. De hecho, esta tragedia ocasionó una contaminación muy alta en las aguas del océano cercanas a la planta eléctrica, también las zonas dedicadas a la agricultura quedaron afectadas por las radiaciones, y las comunidades cercanas debieron ser evacuadas.

Pero esta clase de accidentes no son nuevos, sino recordemos el caso Chernobyl en 1986; y si nos remontamos más, hemos de saber que en los Estados Unidos en 1952, 1957, 1961 y 1979 ocurrieron daños en plantas nucleares que causaron varias muertes, y contaminación en los alrededores.

Aun así, la necedad de un sector empresarial, de una parte de la comunidad científica del mundo y de los gobiernos mismos, no ha impedido el uso de la energía atómica con el argumento que es energía limpia y muy rentable, pero irónicamente cuando suceden daños en esas centrales, las radiaciones son las formas de contaminación más mortales en el planeta, sumado a las cuantiosas pérdidas económicas del proceso, de intentar limpiar el ambiente.

Además, la codicia de muchos es la que mueve a que se exploten esta clase de recursos. Por eso la minería a cielo abierto es otra actividad que deja residuos de cianuro y mercurio en los suelos, pues se ha de saber que en los procesos modernos de extracción de oro, se usan esas sustancias tan tóxicas.

Ya es momento, que las organizaciones mundiales y naciones del mundo que tienen este tipo de tecnología y actividades hagan consenso, y de verdad hagan valer las medidas de seguridad, o accionen los mecanismos legales existentes, para que se prohíban ese tipo de accidentes, o toda vez que no se garantice un manejo correcto.

De no ser así, tarde o temprano la misma humanidad se aniquilará junto a las demás especies vivas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Escritor y comentarista de temas cotidianos