El presidente de Brasil,  planteó que en la propuesta de reforma de pensiones que discute el Congreso de ese país, se fije a 62 años como edad mínima de jubilación para los hombres, y 57 para las mujeres.

Durante la primera entrevista como presidente en funciones, concedida al canal SBT después de la toma de posesión, el mandatario detalló que la idea es hacer el aumento gradual: incrementar en un año la edad mínima actual (60 hombres y 55 mujeres) a partir de la aprobación del instrumento legal, y luego un año más en el 2022.

Indicó que evalúan mantener el programa social Bolsa de familia, un subsidio económico gubernamental para la población más pobre y vulnerable en Brasil. Sin embargo, hizo énfasis en la necesidad de aumentar la producción y las exportaciones, pues de lo contrario el Estado percibirá menos ingresos y, advirtió, la tendencia sería «menos dinero» para sostener la inversión en ese sector.

Apenas tres días después de asumir el cargo como mandatario, Bolsonaro también dijo este jueves que firmará un decreto para facilitar la compra y porte de armas, una medida que, a su juicio reducirá los niveles de violencia en el país suramericano. Además, informó que ha encargado al ministro de Justicia, Sergio Moro, para que defina el alcance y los objetivos de la propuesta.

Expresó que el decreto tendrá «algunas limitaciones» que no explicó, pero sí adelantó que la medida, en el papel, contempla que las fuerzas de seguridad tengan un límite entre cautro o seis armas, mientras que los civiles podrán portar dos. «Vamos a flexibilizar el porte, pueden estar seguros de eso», ratificó.

Justificó que con el porte de armas (prohibido en Brasil, con excepciones en los organismos públicos de seguridad y algunas compañías privadas), se «avanzará» en el combate de la criminalidad.

Dijo que, con esa medida, por ejemplo, las mujeres podrán actuar en «legítima defensa» de robos o de algún acto de violencia al interior de la casa o de una propiedad privada. «Podrán tener la certeza que la violencia caerá abrumadoramente en Brasil», ratificó.

Durante la entrevista, Bolsonaro señaló que en los últimos años las demandas laborales han crecido exponencialmente, a causa de un supuesto «exceso de protección» a los trabajadores, por lo que asomó la posibilidad de evaluar la ley que rige la materia y eliminar la Justicia del Trabajo, el órgano dedicado a la defensa trabajadores. «Está siendo estudiado, podemos discutir esta propuesta y mandar algo más adelante», dijo Bolsonaro, tras agregar que la mano de obra en Brasil es «cara» y el empleador «gana poco».

El mandatario ultraderechista aseguró que cuando alguien quiere invertir y producir en Brasil, revisa las demandas laborales «y después esa persona desiste inmediatamente de emprender». Para el mandatario, la Justicia del Trabajo no es necesaria porque los trabajadores ya cuentan con la «justicia común». Indicó que su gobierno establecerá un «pacto» con los poderes Judicial y Legislativo con la finalidad de reducir «tiempo» en la aprobación o negación de proyectos para el «bien común».

También Indicó que su despacho revisa a fondo «irregularidades» el uso de los recursos públicos durante la anterior gestión de Michel Temer, y citó el caso de una consultoría solicitada por el Ministerio de Turismo que pagó más de tres millones de reales (algo de más 700.000 dólares), sin aparente justificación.

En materia económica, dijo que su gestión aprovechará las propuestas del gobierno de Temer, pero subrayó que revisará «algunos puntos», sobre todo aquellos vinculados a las particulares productivas y fiscales de cada región en Brasil.

Consultado por los periodistas sobre sus polémicas declaraciones sobre la «erradicación del socialismo», matizó sus palabras y dijo que es un tema que abordará «con cuidado». No obstante, afirmó que en las escuelas y algunas universidades forman «militantes políticos», de los cuales señaló: «mucho de ellos no saben interpretar un texto, hacer una regla de tres».

Para Bolsonaro, la «militancia política» es la causa de que muchos brasileños no estén calificados para diversos empleos.

El ultraderechista también cargó con la supuesta «ideología de género», y señaló que la idea de su Gobierno es que la nueva generación brasileña no tenga la «cabeza trabajada» para la militancia política.  Además, alabó el golpe de Estado en Brasil en 1964 y la posterior dictadura militar: «si nunca tuvimos socialismo fue a gracias a las fuerzas armadas, hay que agradecerle», recalcó.