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Si todo se desarrolla como está presupuestado, se espera que en octubre de 2019 los cartageneros elijamos a nuestro decimosegundo alcalde.

Podríamos decir que aunque el pueblo, el que acude a las urnas, ha ensayado con la elección de mandatarios que van desde abogados, médicos, administradores de empresas, ingenieros, locutores y comunicadores sociales, como el actual, pocos son los periodos en los que la ciudad ha sido administrada de manera eficiente, pulcra y honesta. La razón, todos la sabemos, la indolente y corrupta captura de los votos que a través de los candidatos y los pseudolíderes de la ciudad han venido haciendo los financistas que solo buscan apoderarse de la contratación pública y de la burocracia.

Álvaro Morales
Álvaro Morales

Si bien es cierto que en el ámbito ciudadano se percibe hastío, cansancio, y decepción, con la mayoría de los elegidos, incluido el actual, como lo demuestran las encuestas, lo es también, que si a tiempo no se toman los correctivos necesarios y de fondo en cuanto a la libertad de votar, seguiremos por “los siglos de los siglos” eligiendo alcaldes, que además de incompetentes, son impotentes para gobernar no solo con libertad sino con ecuanimidad la ciudad.

Cierto es también, por otra parte, y ha quedado suficientemente demostrado, que el alto nivel de pobreza y la corrupción en muchos que se hacen llamar líderes de la ciudad, son unas de las razones de peso que integran el círculo vicioso que permite elegir no al más competente y serio, sino al que menos lo sea.

Cartagena no resiste más. La ciudad quiere y requiere como su próximo alcalde a una persona que además de formación básica y suficiente en asuntos de administración pública, también sea una persona con valores y principios que hagan procurar con eficiencia la solución de los grandes problemas que golpean a toda la ciudad.

Cartagena no resiste más ensayos ni más improvisaciones en la escogencia de sus alcaldes por “ratings radiales”.

Podríamos preguntarnos, de manera muy respetuosa, ¿Qué maldición pesará sobre la ciudad para que nos hayamos merecido alcaldes que además de ineficientes, por sus indecorosas actuaciones los entes de control los hayan separado de sus cargos, o el ente investigador los haya acusado ante los jueces de la república; y que además, hayan llegado al mando no con los deseos de mitigar los grandes problemas sociales de la ciudad sino encaminados solo a pagar y enriquecer a su mecenas financiero, o para repartir la burocracia entre corruptos y delincuentes, y para procurar su propio enriquecimiento?.

El trabajo, hay que comenzarlo desde ya, no da espera; se hace necesario llegar a grupos poblacionales poco o nada contaminados, como podría ser, entre otros, la población estudiantil a todo nivel. En ella podría estar el futuro que haga cambiar el rumbo de la ciudad.


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