El referéndum italiano repercutirá en el futuro de toda Europa

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El primer ministro, Matteo Renzi

El referéndum constitucional de Italia se celebra domingo 4 de diciembre, a la vez que las elecciones presidenciales de Austria. Estos eventos cerrarán un ciclo de elecciones clave a lo largo y ancho del mundo, como el referéndum griego de Tsipras, el Brexit o las elecciones estadounidenses que llevaron a Trump a la victoria.

La votación italiana también es muy importante. Llega en un momento de plenitud de una campaña devastadora y dictará el destino del primer ministro, Renzi, que tiene todas sus esperanzas puestas en el “sí”. El resultado de este referéndum influirá en el futuro de Europa, de Italia y del Partido Democrático italiano.

Un “no” podría suponer el último aliento del euro, además de un salto a la oscuridad para Roma, con su típica ingobernabilidad.

Italia es uno de los países fundadores de la Unión Europea. Ha recibido mucha atención debido a su enorme deuda pública y un “no” a una de las reformas clave que solicita Bruselas podría ser el enésimo golpe a una ya de por sí tambaleante Europa. Un “no” podría suponer el último aliento del euro, además de un salto a la oscuridad para Roma, con su típica ingobernabilidad.

Por otra parte, que saliera el “sí” en el referéndum no tendría por qué traer consigo una fase de crecimiento y tranquilidad; de hecho, podría desencadenar un periodo de vendettas, e incluso podría provocar unas dramáticas elecciones anticipadas. Es improbable que gane el “sí”, pero no imposible, teniendo en cuenta el auge de los cisnes negros en varios horizontes políticos.

Por irónico que parezca, Europa lleva todo este tiempo siendo el blanco principal para el primer ministro, que se ha quedado atrás en las encuestas, con una economía que no ha despegado, y cuyos ataques contra la burocracia europea son uno de los pocos mantras que han sido capaces de entusiasmar a los votantes italianos. Bruselas es un objetivo fácil y el nacionalismo es un arma que siempre está cargada. Pero no sabemos si será suficiente. Tampoco sabemos si las alarmas que han hecho sonar los analistas internacionales podrán ayudar a la causa de Renzi en nombre de los mercados, en los que cada vez se respira más preocupación.

El resultado del referéndum repercutirá tanto en el Partido Democrático de Renzi como en Europa y en el Gobierno italiano a largo plazo.

Las reformas constitucionales propuestas han surgido a partir de meras premisas; ¿a quién no le gustaría que se simplificara el sistema institucional italiano? Sin embargo, las reformas han levantado mucha polémica. Fijémonos en el punto más importante y divisivo del referéndum: están los que exigen el fin del llamado “bicameralismo perfecto” -para evitar que las leyes se pasen rebotando hasta la eternidad entre dos órganos que tienen unas funciones muy similares- y los que ansían la abolición del Senado.

Todo este asunto, que a simple vista puede parecer demasiado técnico y aburrido, cogió un poco de ritmo cuando Renzi decidió hacer de él algo personal. Con su desastrosa declaración “si gana el ‘no’, dimitiré”, atrajo la atención de muchos de sus adversarios, que ahora ven el voto popular como una oportunidad para deshacerse del primer ministro.

A sus enemigos clásicos -entre los que se encuentran los partidos populistas como la Liga Norte de Salvini y el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo- se les han sumado nuevos grupos descontentos con el estilo grosero de Renzi.

Los ilustres constitucionalistas que fueron excluidos de la revisión de este documento no estaban precisamente encantados con el primer ministro, por no decir otra cosa. Entre ellos, había representantes de izquierda y de centro izquierda. Por ejemplo, el expresidente Giorgio Napolitano, que aunque inicialmente apoyaba al “sí”, no estaba de acuerdo con el hecho de que Renzi llevara este asunto al ámbito personal. Incluso Berlusconi es defensor del “no” ahora.

Como se ha mencionado anteriormente, el resultado del referéndum repercutirá tanto en el Partido Democrático de Renzi como en Europa y en el Gobierno italiano a largo plazo. Con Renzi como su secretario, el partido en sí mismo se ha fragmentado por culpa de estas reformas. Los dirigentes anteriores, como Pierluigi Bersani y el antiguo primer ministro D’Alema, encabezan la lucha contra el “sí” en una batalla que augura grietas futuras dentro del partido. Pase lo que pase, el partido saldrá herido de esta, con riesgo de acabar dividiéndose y lleno de resentimientos y posibles vendettas.

Con el discurso que rodea al referéndum da la impresión de que se trata más de una guerra entre pandilleros que de una discusión política.

A simple vista, puede parecer la clásica situación de todos contra uno, pero no es exactamente así. No todo el mundo está en contra de las reformas del primer ministro. Los jubilados y las asociaciones de emprendedores, que suman un número considerable de votantes, no están en contra de las reformas. Si Renzi se las apaña para convencer a sus votantes de que sus planes traerán el cambio, puede que tenga alguna oportunidad.

Con la victoria de Trump, las tornas han cambiado. Los populistas han ganado fuerza y Renzi ha intentado venderse como una figura antisistema. Sin embargo, el problema es que hasta la fecha lo más probable es que se le haya visto como parte del sistema.

Por último, no hay que infravalorar a aquellos que se abstendrán de votar. El discurso que rodea a este referéndum podría haberle dado al electorado la impresión de que se trata más de una guerra entre pandilleros que de una discusión sobre lo que es mejor para el país.

La movilización de los votantes indecisos -y de los italianos que viven en el extranjero- será un factor decisivo. Lo único seguro es que el 5 de diciembre Europa, Italia y el Partido Democrático ya no serán los mismos.

Este artículo fue publicado originalmente en ‘The WorldPost’ y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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