El remedio: ¿Peor que la enfermedad?

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Colombia es un país de paradojas. Ahora resulta que los causantes de su desastre se declaran sus salvadores. Es increíble y asombroso que el pueblo se siga dejando manipular por los ostentadores del poder, quienes utilizando desde los métodos más burdos hasta los más sofisticados, nos quieren hacer creer que los mismos causantes de su honda crisis son los llamados a su rescate. Escuchar a el Centro Democrático, con Iván Duque –alumno aventajado de Álvaro Uribe–, o a Cambio Radical –el partido con más dirigentes presos–, con Germán Vargas Lleras, o al propio partido Liberal, con Humberto de La Calle –apadrinado de César Gaviria–, o a los Conservadores o al partido de la U, hablar de la defensa de la salud, la educación y la mejora de servicios públicos, de la seguridad y la generación de empleo, y en contra de la corrupción, entre otros temas que afectan a los colombianos, es como ver “al diablo haciendo y repartiendo hostias”. Como dice un “meme”: “si la plataforma de estos partidos es la lucha contra la corrupción, entonces quién se roba la plata”.

Hay que recordar que fueron estos mismos partidos –por algo se les denomina “los mismos con las mismas”– los que han dirigido al país durante centenares de años, y particularmente, estos mismos gestores se han dedicado en los últimos treinta años a implementar en el país el modelo de desarrollo neoliberal, cuyos ejes han sido: el saqueo a los recursos y el patrimonio del país, el cual se legaliza vía liquidaciones de las empresas del Estado, las privatizaciones y todo tipo de concesiones; la pauperización de la mano de obra, con lo cual concentran aún más la riqueza, especialmente con las grandes utilidades de los monopolios, mientras que a los trabajadores les recortaron todos los derechos que tuvieron, comenzando por su estabilidad laboral; el arrasamiento del aparato productivo, a través del desmonte de los aranceles y todas las medidas de protección y fomento de nuestras empresas; y el sometimiento de la Nación a tratados y acuerdos comerciales que hasta comprometen su propio desarrollo. Todo esto, atravesado por la más grave crisis de corrupción, producto del individualismo y la avaricia de estos gobernantes.

En Cartagena se nos presenta el mismo panorama: Una ciudad absolutamente devastada, cuya clase política se ha aliado con lo más descompuesto de la corrupción, constituyendo verdaderas bandas de financiación de campañas electorales en las que llueve el dinero, que recibe un pueblo ignorante de que con ese paupérrimo regalo, les están girando un cheque en blanco para que saqueen todo su patrimonio. Esas casas políticas se quedan, directamente o a través de personas interpuestas, con el presupuesto de la ciudad, aforado en cerca de $1.6 billones anuales, el cual materializan a través de Órdenes de Prestación de Servicios –OPS–, contratos de asesorías con los objetivos más inimaginables, las concesiones como la del Anillo Vial o Peajes, Alumbrado Público, Aguas de Cartagena, Transcaribe, entre otras, y la contratación en general en todas las secretarías e infraestructuras de la ciudad. Quinto Guerra y Andrés Betancourt aprobaron todas estas medidas desde el Concejo. ¡Produce miedo que hoy nos hagan creer que serán nuestros redentores!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias


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