El riesgo de las importaciones chinas

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El intercambio comercial entre la Argentina y China es cada vez más desigual. Esas asimetrías, a su vez, expresan la escasa evolución de la matriz productiva local y la fenomenal reconversión industrial del coloso asiático. Tales conclusiones surgen al observar la balanza comercial entre los dos países durante el kirchnerismo. Un estudio de la consultora DNI indica que de 2003 a 2015, aunque las exportaciones argentinas se duplicaron (de US$2.576 millones a US$5.174 millones), el ingreso de mercaderías desde China pasó de US$743 millones a US$11.749 millones, un récord.

“El complejo sojero es el gran protagonista de nuestros envíos, casi el 60% del total”, dice Marcelo Elizondo, director de DNI. Como contraparte, añade el entendido, China le vende a la Argentina producción de origen industrial, como electrónicos (insumos para el armado de celulares, televisores y computadoras, entre otros), maquinaria y artefactos mecánicos. “Es una relación asimétrica y eso explica, en gran medida, el déficit comercial”, completa Elizondo.

“La relación comercial entre ambos países está basada en la exportación de materias primas y commodities y la importación de manufacturas de media y alta complejidad”, señala Sergio Cesarin, investigador de la UNTreF (Universidad Nacional Tres de Febrero). Para Cesarin, ese intercambio desigual comenzó a gestarse en los últimos 15 años y reconoce dos características centrales: por un lado, la deficiente matriz productiva argentina, basada casi exclusivamente en los agroalimentos. Y por otro, el despegue de la industria de china a partir de los 80, con el proceso de apertura económica y su posterior salto a la alta tecnología.

Con el impulso del sector reformista del Partido Comunista liderado por Deng Xiaoping, China propició en 1979 la creación de las ZEE (Zonas Económicas Especiales), basadas en el libre comercio y apuntaladas con numerosos beneficios fiscales, todo con el objetivo de atraer inversiones productivas destinadas a la exportación. Hoy, 35 años después, el coloso asiático está en otro proceso de reconversión, para pasar de vender mercaderías baratas (juguetes, peluches, adornos y paraguas, entre otras cosas) a dispositivos de mayor desarrollo tecnológico, como electrónicos, maquinaria liviana y pesada.

La relación entre China y la Argentina, explica Cesarin, representa todo un desafío. “China tiene otra escala, bajos costos laborales, altos niveles de subsidios, mucha innovación y tecnología. La Argentina, en cambio, introdujo fuertes elementos que deterioraron la competitividad, desde el tipo de cambio hasta temas impositivos: todos desincentivos”, subraya. Carlos Moneta, otro investigador de la UNTreF, coincide en que el intercambio bilateral de commodities por manufacturas aqueja no sólo a la Argentina: “Es un problema de toda la región”.

Un informe de la consultora Abeceb advierte de los riesgos de la desindustrialización por el alto impacto de las importaciones chinas. Y se lee: “La relación comercial entre China y la Argentina evolucionó desigualmente, consistiendo principalmente de exportaciones primarias concentradas e importaciones diversificadas”. En un análisis sectorial, Abeceb enumera que los rubros más impactados por la penetración china son los electrónicos, maquinaria de uso general e instrumentos médicos. Pero también resalta que muchos sectores protegidos por la política oficial también resultaron perjudicados, entre ellos tejidos, químicos, abonos y fertilizantes, textiles, indumentaria, caucho y cuero.

La gran pregunta es cómo resolver la ecuación actual. Para Moneta, el principal problema de la Argentina es que el enfoque es de muy corto plazo. “Nosotros no negociamos, aceptamos los que nos proponen. China viene con un programa armado a cambio de financiación. No tenemos gente capacitada para negociar ”, sostuvo el experto. De todos modos, Moneta señala que existen algunas oportunidades “agroalimentos, incentivar joint ventures con empresas chinas, en la producción de semillas de primer nivel y biotecnología”.

Elizondo coincide con esa apreciación. Y sintetiza que hay tres rubros para explotar en la relación: producción de granos y alimentos procesados, minerales y energía (Vaca Muerta). “China ve en la Argentina un potencial proveedor en esas tres cosas”, concluyó.

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