Sentir con el corazón es un don de la espiritualidad. La maternidad es el regalo más preciado de la vida, los niños no nacen con un libro de instrucciones que nos guíe como debemos educarlos, sin embargo, la intuición materna nos ayuda a presentir si nuestros hijos están en peligro.

Pero, ¿por qué algunas madres no sienten esa intuición?

Quizás sea porque la maternidad es diferente para cada mujer que lo experimenta, cada madre siente diferente emoción hacia su hijo, para algunas se abriga una conexión desde el corazón. Para otras solo está adormecidas esa conexión, pero ahí están dentro de ellas.
Desde que nacieron mis hijos experimenté una conexión estrecha, la leche materna fue un puente de acto de amor.

Y aquí empieza mi historia, donde mi corazón tuvo el conocimiento antes que mi cerebro.
Soy una mamá organizada y dedicada, siempre trato de dar lo mejor de mí, atiendo mi hogar porque mi familia es lo que más amo.

En la casa pasamos una época de crisis económica difícil, por lo que tuvimos que utilizar el plan de abstinencia, ya que mi esposo Andrés había sido despedido de su empleo, él y yo siempre nos vimos como un equipo, por lo que lo ayudé en traer dinero a la casa vendiendo repostería en la iglesia y el vecindario.

Mi prima Cristal es una mujer altruista, recuerdo que en ese tiempo se enteró de nuestra carencia económica en casa y nos trajo una bolsa grande con mucha ropa para mis hijos. Una familia adinerada de clase social alta se lo había donado. Mi hija Pili encontró entre toda la ropa un vestido color Aqua con flores y se lo midió quedándole justo a su medida.

A la semana siguiente mi pequeña hija Pili estaba invitada a una fiesta, mi niña es muy inquieta, ella es muy alegre por lo que me pidió ponerse el vestido color Aqua, cuando se lo puso fue a mi habitación para que la peinara, y al mirarla con el vestido puesto, se me reveló una imagen, como una pequeña cápsula de video, y vi a una niña vestida con el mismo vestido que traía puesto mi hija Pili, estaba gritando y llorando, ¡La pequeña estaba muy asustada!

Mi piel se me erizó, un escalofrío me recorrió y sentí una corazonada de un mal presentimiento, que le pedí a mi hija quitarse el vestido.

Después de tres días Pili se puso un impermeable que también había encontrado dentro de la bolsa y me pasó exactamente lo mismo que ya había visto anteriormente, vi otra vez a esa niña gritando y llorando, esta vez me asuste tanto y le pedí a mi pequeña hija quitarse el impermeable, mi intuición empezaba acelerar mi corazón y lo empecé a revisar, metí mis manos entre los bolsos que traía la prenda y no me equivoqué, encontré una carta escrita por alguien que apenas empezaba a escribir, se notaba por el tipo de letras.

Le llame a mi prima Cristal para contarle todo lo que me había sucedido y pedirle que me llevara con la persona que le había donado la ropa.

Pasaron dos horas y por fin llegó mi prima a la casa, por lo que en esa ocasión no le invite ninguna taza de té, ni mucho menos la deje sentarse en la sala, así que le sugerí marcharnos y fue entonces que nos dirigimos a la mansión de los donantes de la ropa.

Nos recibió una mujer muy elegante, rubia y joven.

Me sentí tan nerviosa que al principio salieron mis palabras muy torpemente, respiré hondo y por fin mis palabras pudieron salir correctamente. Le pregunté: ¿Usted tuvo una hija?
Acentuando ella con un movimiento de su cabeza y articulando bien su contestación, dijo: “Sí.”

Más se aceleraba mi corazón de un miedo cuando me informó que la ropa que había donado había sido de su pequeña hija que había fallecido.

Con mis manos temblorosas le entregue la carta que había encontrado en uno de los bolsillos del impermeable. Con desconfianza ella tomo la pequeña carta y empezó a leerla.

La señora empezó a llorar y después narró lo que había pasado con su hija, sin titubear ella se dirigió al teléfono y llamó a un detective del FBI para informarle que tenía pruebas de quien era el asesino de su hija.

Mi cuerpo quedó helado y mi prima Cristal tenía su cara pálida, no era para menos habernos puesto así, después de haber escuchado la historia de un cruel asesinato de una pequeña criatura.

Al salir de esa mansión durante todo el trayecto camino a casa mi prima y yo no articulamos ninguna palabra, solo un silencio profundo fue quien nos acompañó.

Al llegar a casa le pedí a mi prima Cristal llevarse toda la ropa que nos había donado, pues era obvio mi preocupación de que alguno de mis hijos usara algunas de esas prendas que tienen un secreto, una historia aterradora y que aún se percibe la energía de quienes la usaron alguna vez, donde esos seres piden que les ayuden a resolver situaciones que quedaron inconclusas.

Por: Ana Alicia López Calderón