Quando se trata de hablar del tema de la obediencia de los hijos a los padres, muchos dicen: ¡qué pereza! escuchar siempre la misma cantaleta. Sin embargo, aunque parezca trillado el asunto, nunca pasará de moda, por eso es pertinente reflexionarlo.

De tal forma, muchos niños y adolescentes cuando se acercan a la adolescencia, se vuelven rebeldes y desobedientes, casi siempre influenciados por los medios externos, presentes en la sociedad. Además, es común que los jóvenes digan que sus padres son anticuados y que no comprenden que ahora las cosas son distintas. Pero es precisamente por el hecho de que el mundo ha cambiado extremadamente que, los papás deben ser más vigilantes y guiar a tiempo a sus hijos, incluso desde sus primeros años de vida.

Por otra parte, muchos jóvenes se niegan a escuchar los buenos consejos de especialistas en el tema. Pero la realidad es que muchas personas tienen el conocimiento necesario y la experiencia que muestra el mundo, lo cual les da capacidad para ser buenos consejeros.
Otros hijos, cuando sus papás les quieren guiar les recriminan a ellos que en su juventud cometieron los mismos errores. Aun así, eso no da pie para que los jóvenes se vuelvan soberbios y quieran repetir las cosas malas, que hicieron sus progenitores. Y no faltan hijos que se les olvida que mientras viven bajo el techo del hogar, deben respetar una serie de normas familiares. Es más, aun cuando nuestros papás ya no estén en vida, es un deber moral seguir los buenos principios que nos dieron.

De todas maneras obedecer a los papás, es obedecer a Dios, en cumplimiento de su mandamiento “Honrar a padre y madre”. En el caso de los niños huérfanos, lo correcto es que sean obedientes a sus tutores o padres afectivos, eso sí, siempre que éstos no los intenten obligar a hacer cosas que los afecte ( o atente contra los buenos valores morales y cristianos).

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Ensayista de temas cotidianos