El temor paraliza, además los seres humanos vivimos inundados de temores. Entonces hay personas que en su temor de quedar pobres paralizan su salvación espiritual, pues por una falta de fe, hacen hasta lo imposible por acuñar más y más dinero,  y sin percatarlo caen en la tonta avaricia que los aleja de Dios.

Y no falta  gente que  siente miedo a quedarse sin empleo, sin dinero, sin salud, sin una relación amorosa, a las guerras y una serie de cosas más.  Sin embargo, Jesucristo dijo que no se debía temer a qué comeríamos o vestiríamos  mañana, pues esas actitudes se quedan solo a los paganos.

Otros por el temor a envejecer, se gastan fortunas en toda clase de tratamientos para mantener  apariencia de jóvenes, y así  la lista de temores se hace larga, al punto de sentir miedo a enfermarse, a no ser perdonados por Dios y caer en el escrúpulo radical de pensar que ya están condenados aunque se hayan confesado sacramentalmente bien, entonces  todas esas fobias  martirizan la parte emocional. Por ejemplo si en una guerra todos los soldados se llenan de pánico, aun sin haberse iniciado un combate, es muy posible que la batalla ya esté de antemano perdida.

En momentos en que se profetizan una serie de desastres mundiales, como el hambre, guerras, terremotos, huracanes terribles y hasta el colapso general del Planeta, es cuando más bien debiésemos sumergirnos en el amor de Dios el cual  tal como lo dice la misma Biblia, hecha afuera a todo temor. Por eso en Isaías 41:10 aparece:

 “No tengas miedo, pues estoy contigo; no temas pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.”

Sin embargo, al mismo Diablo le interesa que los temores por falta de fe nos alejen aún más, de confiar y orar a Dios. En el pasaje de San Mateo 14:22-31 se cita que Jesús dijo a sus discípulos que subieran a la barca para que cruzaran el lago hasta la otra orilla y luego  él se uniría con ellos.

Al llegar la noche ya la barca navegaba lago adentro, pero en la madrugada se desató una gran tormenta, entonces apareció Jesús caminando sobre el agua, lo cual asustó a los discípulos, pero él les dijo:

“¡Calma! ¡Soy yo, no tengan miedo! Entonces Pedro le respondió: Señor, si eres tú, ordena que yo vaya hasta ti sobre el agua. Ven, dijo Jesús. Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: ¡Sálvame, Señor!  Al momento, Jesús lo tomó de la mano y le dijo: ¡Qué poca fe tienes!, ¿Por qué dudaste?(…)”

Entonces,  lo anterior  refleja las veces que comenzamos a enfrentar los problemas con notable impulso pero si surgen algunas complicaciones, nos llenamos de temor y gritamos a Dios ¿por qué dejaste de escucharnos? o  ¿adónde te fuiste que no, sentimos tu presencia? Pero la ironía humana otras veces estriba en que no sentimos temor por cosas que sí  pueden causarnos daños severos al cuerpo y el alma, cuales son los vicios, hacer el mal a los demás  o simplemente desestimar la salvación eterna.

Luego, si profundizamos algunos hechos bíblicos que ilustran la personalidad de los discípulos de Jesús, especialmente de Pedro y de Juan, podríamos hallar, que cada uno tenía temperamentos muy opuestos.

San Pedro era rudo e impulsivo entonces  se dejaba llevar por las emociones del momento, por eso Jesús le reprendió muchas veces. Sin embargo, irónicamente en los momentos  más difíciles de la pasión del Maestro; Pedro le negó tres veces, y luego se escondió por miedo que los perseguidores de Jesús también lo apresaran. En cambio Juan era un hombre de carácter pacífico, prudente sin que eso le restase valentía, pues fue el único que  estuvo con valentía al pie de la cruz junto a la Madre de Jesús.

Lo anterior, lo podemos aplicar a la realidad del mundo, cuando vemos que muchas personas fanfarronean pero a la hora de la verdad son cobardes, en tanto los más callados y juiciosos son los que en el momento oportuno demuestran su fortaleza, a pesar de las consecuencias que la situación acarreé.

Sin embargo, san Pedro y los demás discípulos después de la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, fueron revestidos de valor por defender la verdad del evangelio. Jesucristo, dijo que no debemos tener un espíritu  de temor, y es que al  contrario, debemos denunciar  la mentira, el pecado y  la injusticia.

Por otra parte, antaño, la teología de los sacerdotes inspiraba miedo con el asunto del infierno, actualmente ese miedo se perdió, pero irónicamente el mundo vive sumido en toda clase de pecados graves, sean adulterio, fornicación, homosexualismo, robo, asesinato, egoísmo, codicia y mentiras.

En cambio, la gente en lo que menos piensa  es en tener miedo a perder su alma en  el infierno. Y es que el infierno es un estado espiritual eterno, donde el peor martirio es que el alma se sienta desprovista de la eterna felicidad, y perseguida por el remordimiento de los pecados graves que en vida se cometieron,  por la falta de amor a Dios.

Ad Maiorem Dei Gloriam

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Escritor y comentarista de temas religiosos