El terrorismo, o la tercera guerra mundial

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Hernando Gómez BuendíaMúnich, Niza, Kabul, Orlando, Bagdad, Bruselas, Estambul, París, Alepo, Tel Aviv, Daca, Madrid, Nairobi, Nueva York…Una mirada al bosque detrás de los árboles sobre el por qué, el cómo y el para dónde va la guerra que está cambiando al mundo.

Hernando Gómez Buendía*

Helicópteros Black Hawk aterrizan en Bagdad durante la invasión a Irak.

Las viejas guerras

Se sabe que la guerra es la extensión de la política, pero también es la extensión de la tecnología.

La larga historia de la especie humana puede por eso verse como el paso de la piedra a las flechas, al caballo y el hierro, al fusil y el cañón, a los tanques y aviones, a las bombas nucleares, a los drones, los ciberataques…y el “terrorismo global” como tecnología de una guerra asimétrica.

Este último capítulo comienza con la bomba atómica, que vino a hacer imposible la guerra entre potencias. La bomba puso fin a la II Guerra con Japón, para dar paso al “equilibrio del terror” entre Estados Unidos y la URSS que marcó la Guerra Fría. Y a medida que más países fueron ingresando al club nuclear, la lógica demencial de “destrucción mutua asegurada” (en inglés MAD, por “mutually assured destruction”), fue impidiendo que dos Estados miembros de este club se fueran a una guerra declarada (aunque la guerra estuvo a punto de estallar a raíz de los misiles soviéticos en Cuba -1962- y de los choques fronterizos entre China y la URSS -1969- y entre India y Pakistán -1998-.)

Sin obstar los tratados internacionales, la proliferación nuclear sigue siendo inevitable, de manera que Irán tarde o temprano replanteará la ecuación militar frente a Israel, o incluso Japón y Corea del Sur tendrán la bomba –como ya lo propone Donald Trump-. Viviremos entonces en un planeta amenazado por bombas disparadas desde más ciudades capitales, y paradójicamente más seguro en tanto los Estados emergentes irán siendo contenidos por la lógica del MAD.

De esta manera el espectro de la guerra nuclear para los Estados avanzados seguirá siendo la ultima ratio de la política global, pero no es un escenario probable en tanto implicaría la autodestrucción de esos mismos países. Tampoco son probables las guerras de un Estado periférico contra uno nuclear, porque esto implicaría la autodestrucción del gobierno atacante (y por eso ningún Estado hubiera podido estar detrás del 11 de septiembre -como fatal y erróneamente afirmó Bush-).

Bajo estas circunstancias cabe concluir que las guerras entre Estados mantendrán su tendencia a desaparecer, con excepción quizá de aquellas entre países no nucleares (que pueden ser tan sangrientas como la de Iraq-Irán durante los ochentas, con su millón de muertos), y de las intervenciones activas de potencias en guerras intestinas de países periféricos (tipo Bosnia, Libia o Siria).

La pesadilla de la humanidad sería por supuesto que una organización terrorista accediera a las armas atómicas, porque al no tener territorio y población definidos no valdría someterla a un contraataque nuclear. Pero esto nos remite al terrorismo como tecnología de la “III guerra mundial” que estamos presenciando.

La III Guerra

Ojivas del bombardeo en Hiroshima y Nagasaki en junio de 1945.
Ojivas del bombardeo en Hiroshima y Nagasaki en junio de 1945.
Foto: Wikimedia Commons

Excepto por las guerras de secesión (las de Ucrania, Papúa, Cabinda…) y de guerrilla o narcotráfico (Colombia, México…), los conflictos armados actuales en el mundo implican al Medio Oriente y al Islam.

Esta es la grieta principal de nuestro tiempo, en cuya historia larga y complicada se conjugan las tensiones internas del mundo árabe/musulmán (exclusión social masiva, explosión demográfica, divisiones religiosas…) con las intervenciones extranjeras en tres oleadas decisivas: (1) el reparto colonial del Medio Oriente tras la I Guerra; (2) la creación de Israel tras la II Guerra, que sembró las semillas para la III, y (3) La invasión de Irak por parte de Estados Unidos, que inflamó esta III Guerra.

Las guerras entre Estadosmantendrán su tendencia a desaparecer.

Sobre el trasfondo del petróleo y como punto focal de su confrontación global, a lo largo de un siglo las potencias se inventaron países (Iraq, Jordán, Kuwait, Siria, Líbano, Arabia Saudita e Israel son creaciones de Occidente), impusieron una religión contra otra (en Líbano, en Iraq…), promovieron dictaduras brutales (las del Sha, Hussein, Assad, Gadafi, Mubarak, Musharraf…), invadieron países (Egipto, Líbano, Afganistán, Iraq…) y se mezclaron en guerras (Argelia, Irán-Iraq, Siria, las varias de Israel…), que dejaron y siguen dejando millones de muertos y de huellas de odio.

Es importante recordar esos hechos porque los medios de Occidente los esconden, y de este modo no se puede entender el terrorismo: antes que las demás cosas, el terrorismo es la tecnología que les queda a los sectores más radicales del mundo árabe/musulmán [HG1] para sostener o responder a una guerra totalmente asimétrica contra el poder militar de las potencias.

El terrorismo es la tecnología de los desesperados en esta, la III guerra mundial. Para ser más precisos: entendida como guerra entre las grandes potencias (como ocurrió en la I y la II) una III “guerra mundial” implicaría el fin de la especie humana; la que estamos viviendo es una guerra mundial en el sentido de que involucra tanto a las potencias (Estados Unidos, Europa, Rusia) como a sus excolonias en Oriente Medio y África donde ellas libraron las dos primeras guerras.

Los atentados terroristas de esta guerra se han registrado en más de 50 países, pero puede decirse que la III Guerra Mundial transcurre en tres teatros:

  • En Israel-Palestina, que de alguna manera es su epicentro (pues la creación de Israel  fue el casus bellique condujo a la III Guerra), pero es también una guerra asimétrica distinta (supervivencia/ocupación militar por parte de Israel, contra defensa/reafirmación nacional de Palestina mediante la tecnología de los desesperados).
  • En el Oriente Medio y África musulmana: Siria, Irak, Afganistán, Nigeria y Pakistán aportan casi el 80 por ciento de las víctimas (casi todas musulmanas) del terrorismo “islamista”; pero Occidente (y Rusia) con sus aliados locales han sido y siguen siendo los causantes del mayor número de muertes (medio millón en Irak, 400 mil en Siria, más de 20 mil combatientes en bombardeos contra ISIS…).
  • En países de la OTAN (Francia, Bélgica, Turquía, Inglaterra, Alemania, España, Estados Unidos) y en Rusia, donde se concentran los ataques terroristas cuyas víctimas no son musulmanas. El número de muertos en estos países industrializados es muy bajo (658 en 2015, 50 veces menos que los que causa el terrorismo en el “Tercer Mundo” -y una fracción apenas de los cientos de miles que ocasionan los operativos de las potencias en Oriente Medio-).

De esta manera la apabullante asimetría militar está siendo acompañada por la aberrante asimetría moral, según la cual unas vidas humanas –las del centro- valen e importan miles de veces más que otras vidas humanas –las de la periferia-. Este es el mensaje permanente de la televisión mundial –es decir, de los medios de comunicación del Norte- pero es también, por ejemplo, el de François Hollande, que “declaró la guerra” contra ISIS tras el atentado de París pero olvidó decir que Francia llevaba más de un añobombardeándolo.

El nuevo terrorismo

Pero la guerra no se mide en muertes. Y el terrorismo se basa precisamente en eso.

Aunque no sea una amenaza de “supervivencia nacional”, y aunque la probabilidad de morir por una bomba en Paris o New York sea cientos de miles de veces menor que la de hacerlo en un atraco callejero o un accidente de tránsito, el hecho de sentirse vulnerable es una pesadilla que paraliza y desespera a todos los residentes. Esta es el arma de los desesperados que sin embargo golpea con fuerza arrolladora a los Estados más poderosos del orbe.

El terrorismo es un método (no un enemigo ni una ideología a quien se pueda declarar la guerra) de resistencia política y de guerra que ha revestido modalidades muy distintas a lo largo de la historia. El que se está empleando en la III Guerra tiene tres rasgos distintivos:

  • Su referente ideológico es el Islam, en tanto “los desesperados” tienen que aferrarse a su identidad cultural para proseguir la guerra, y en el mundo árabe/musulmán la identidad no alude al Estado-nación sino a la religión (por eso el califato que intenta revivir ISIS). Esto no implica que el Corán “sea violento” sino que puede ser leído desde la violencia (igual que ocurre con la Biblia). Tampoco implica que todos los terroristas sean muy religiosos, pero sí que la idea del “martirio” es la clave sin la cual el terrorismo no tendría su mayor poderío: la decisión de morir en el ataque.
  • El “nuevo terrorismo” se utiliza tanto en los conflictos locales como, en especial, en territorio de las potencias enemigas. Por eso creo útil distinguir al menos tres modalidades:

(1) La de un ejército de terror o grupo armado que comete atrocidades en su área de influencia (ISIS y Boko Haram son los dos más conocidos);

(2) La de comandos que realizan atentados en ciudades cercanas (Kabul, Bagdad, Jerusalén…) o que se infiltran en países del Norte (como en el 11 de septiembre), y

(3) La de musulmanes residentes en países industrializados, que pueden tener poca o ninguna relación con las organizaciones terroristas y ni siquiera haber sido creyentes a lo largo de su vida (Orlando y Niza son dos ejemplos recientes).

  • Además de su caldo de cultivo en Medio Oriente, el terrorismo de los residentes en países del Norte se alimenta de elementos específicos de cada sociedad:

(1) Rusia y Turquía tienen un pie en Europa y el otro en el mundo Islámico, y ambas además tienen sus propias guerras de secesión “terroristas” (Chechenia en un caso, Kurdistán en el otro);

(2) En la Unión Europea viven 19 millones de musulmanes ciudadanos o migrantes, típicamente no integrados a la cultura mayoritaria (los incidentes terroristas son de hecho más comunes en los países con menos integración);

(3) Los tres millones de musulmanes en Estados Unidos están bien integrados al país, pero aquí en cambio inciden la disponibilidad de armas y la psicopatología del “lobo solitario” que desde hace mucho tiempo se traducen en masacres.

Las simplificaciones

Homenaje a las víctimas de los ataques terroristas en París del año 2015.
Homenaje a las víctimas de los ataques terroristas en París del año 2015.
Foto: Ash Carter

A todo lo anterior hay que añadir que el terrorismo es por esencia sorpresivo y que no puede funcionar si no se reinventa de continuo. Cada incidente o atentado es distinto, y en cada uno se mezclan en grados y maneras diferentes los factores principales que intenté destacar en este escrito:

El terrorismo es la tecnología de los desesperados.
  • la larga historia y la geopolítica detrás de los Estados fallidos, las guerras de religión (Sunitas/Chiitas) y el odio hacia las potencias con presencia en Medio Oriente;
  • el Islam como teología o ideología de la violencia (la Yihad);
  • el “mártir” como justificación de la propia muerte;
  • la vida dentro del gueto europeo, las armas y las sociopatías en Estados Unidos;
  • el internet como espacio sin fronteras de refugio y construcción de identidad…

La III guerra mundial ha venido destruyendo más y más países de la periferia (Palestina, Afganistán, Irak, Libia, Yemen, Sudán, Siria, Nigeria….), pero a su vez el terrorismo ha logrado imponerse como el tema central de la política en Europa y Estados Unidos: aterroriza a los votantes de Occidente, y por lo tanto va ganando la guerra. No la gana por medio de las bombas o las balas sino del miedo, la confusión y el sectarismo que produce ese miedo. Por eso están de moda las simplificaciones:

  • que el Islam odia a Occidente porque “somos superiores”,
  • que esta es la guerra inevitable entre civilizaciones,
  • que hay que arrasar los territorios donde opera ISIS,
  • que mientras haya exclusión en Medio Oriente habrá atentados,
  • que el remedio es cerrar las fronteras,
  • que censurar Internet,
  • que promover el Islam de la paz,
  • que deshacer los guetos en Europa o controlar las armas en Estados Unidos…

El problema con estas soluciones no consiste en lo que afirman sino en el resto que ignoran. Hay una pléyade de expertos y de estudios sobre el nuevo terrorismo que permitirían la aplicación de la mano inteligente –o la combinación juiciosa, diferenciada y proporcionada de la mano blanda con la mano dura- para restablecer la paz y reparar los daños catastróficos de esta III Guerra.

Pero el miedo produce simplificaciones o ideologías que mientras tanto seguirán desangrando al Medio Oriente, avivando las tensiones geopolíticas globales, destruyendo la Unión Europea, reviviendo el fascismo en los países avanzados y hasta quizás eligiendo a Donald Trump.

fuente http://www.razonpublica.com/

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