Subí rápidamente como todos los días en la mañana al tren, y tropecé con una bella chica.
Ella levantó la mirada y fue como un flechazo, porque nos sentimos atraídos, fue un amor a primera vista. Ella me sonrió, y yo cambié mi cara. También le sonreí.

A partir de ese momento nos hicimos inseparables. Las noches se hicieron eternas, y los días fugaces. Cada rincón era un lugar perfecto para amar.

El tiempo se convirtió en felicidad.

Pero, una mañana nos despertamos como si fuéramos dos desconocidos, no teníamos nada en común, el bello romance se esfumó y nos dimos cuenta que solo el destino nos involucró en una aventura. Nos miramos, pero ya no había ese brillo de amor en nuestros ojos, y no había palabras tiernas que nos decíamos al despertar. ¿Qué pasó? Si nos queríamos tanto, ¿dónde quedó ese sentimiento junto a la atracción de un supuesto amor a primera vista?, de modo que en ese momento nos tuvimos que decir adiós.

Los días eran monótonos y mi vida no tenía ningún sentido, desde el día que nos despedimos, y todos los días que subía al tren, me parecía verla con esa bella sonrisa; pero solamente era una quimera. El tiempo pasó y ya había perdido todas mis esperanzas de encontrarla, a escondidas lloraba, me dolía haberla perdido y darme cuenta ya muy tarde que en verdad la amaba, sentía que al final me hacía falta mi otra mitad, mi columna vertebral la que me hacía caminar con felicidad.

Y una mañana como siempre subí apurado al tren, y tropecé con una chica, al querer disculparme vi que era ella, mi corazón brincaba de alegría, ella me estaba mirando fijamente con esos ojos del color de los granos del café, que como dos luceros brillantes se le fueron nublando por las lágrimas. Me emocione al verla, y, sin decirnos nada, nuestros labios como un imán se juntaron y nos besamos largamente. Para mí, ese beso me confirmó que ella también me había extrañado.

El destino conspiró a nuestro a favor, nos dio otra oportunidad de reescribir nuestra historia de amor. Esta vez lucharé cada día por su amor, la conquistaré como si fuera la primera vez, tomé mi decisión de que ella debe estar en mi vida.

Un cuento corto escrito por Ana Alicia López Calderón