El truco para quedarse dormido enseguida

162

DormirYoshisori Nagumo es cirujano, profesor en las universidades de Tokio y de Osaka y autor de ‘Un día, una comida’ (Ed. Zenith), un libro del que ha vendido más de un millón de ejemplares entre su país y Corea. Su método, que consiste en tomar una comida importante al día y alimentarse el resto de la jornada de fruta, frutos secos e infusiones, requiere un complemento imprescindible, dormir bien. Nagumo ha desarrollado un método para conseguirlo, que explica también en el libro:

El interruptor de la mente

Para dormir, lo mejor es apagar todas las luces, dejar la habitación a oscuras y cuando nos moleste algún ruido, usar tapones. En los primeros minutos, cuando estamos tumbados, empezará a darnos vueltas en la cabeza lo que nos ha pasado esa tarde, las relaciones humanas, el trabajo y los fracasos. Por supuesto, si pensándolo se llega a alguna conclusión, es conveniente pararse a pensar en todo ello. Pero si se trata de algo que no tiene solución, es mejor dejar de pensar en ese asunto. De lo contrario, el neocórtex del cerebro empezará a activarse y se excitará más, impidiendo así que conciliemos el sueño. Cuando por más vueltas que le demos, no vamos a solucionarlo, hay que apagar el interruptor de la mente.

Puede ocurrir que, aun cerrando los ojos para intentar dormir, empecemos a ver estampados o que, pese a habernos puesto tapones, escuchemos un sonido agudo. El cerebro no está hecho para el aburrimiento, de forma que cuando no recibe estímulos, los crea él mismo. De este modo, cuando no hay ningún estímulo, crea alucinaciones visuales y auditivas. Vencer esto también depende de la práctica. Cuando ya estamos acostados para dormir, paramos los pensamientos y cerramos los ojos. Después, apagamos interiormente el interruptor del cerebro diciendo “¡Black!”. Así se apagan las lucecitas que brillaban tras los párpados y nos sumimos en una oscuridad total. Por último, interiormente nos decimos: “¡Off!”. En mi caso, cuando me tumbo, me duermo en cuestión de uno o dos minutos. Para mí, el “¡Black!” o el “¡Off!” son como palabras mágicas para dormir. Me he entrenado para poder dormir con estas palabras, ese es el truco.

Mientras dormimos, el hipocampo separa la información recibida durante el día entre lo que es necesario y lo que no, y selecciona lo que quiere conservar. Lo reordena todo repetidas veces de forma aleatoria, combinando lo necesario y lo innecesario: estos fragmentos son los que aparecen en nuestros sueños. A través de este trabajo de clasificación del hipocampo, aquello que no nos gusta se olvida casi por completo. Cuanto más tenga que desechar el hipocampo, más horas de sueño necesitará la mente.

En Japón siempre se ha dicho que “cuanto más malo, más duerme”, pero la realidad es que la persona que consigue dormir mucho no corre el riesgo de padecer neurosis. Si dormimos una noche entera, a la mañana siguiente los episodios del día anterior que no nos gustaban habrán desaparecido por completo y podremos despertarnos frescos.

Califica la noticia

Permitida su reproducción total o parcial citando la fuente