El último paso para la paz total

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Es el único intento que puede llegar a puerto algún día. Todos los que fraguaron gobiernos anteriores se estrellaron contra el muro de la arrogancia y la falta de visión política que siempre levantó el ELN (Ejército de Liberación Nacional), y ni siquiera alzaron vuelo.

En esta ocasión, la segunda guerrilla de Colombia aceptó sentarse a la mesa para negociar su propio proceso de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos. Quito, Ecuador, fue este martes el escenario de un sobrio acto inaugural de la fase pública de diálogos, programados para comenzar esta semana.

Aunque el discurso de alias “Pablo Beltrán”, portavoz del ELN, expresó la voluntad de su organización de alcanzar una salida política, los signos que envían los integrantes de la banda terrorista hacen presagiar que no será un proceso fácil ni rápido y, en todo caso, quedará para la siguiente administración la posibilidad de culminarlo si nada se tuerce en el tortuoso camino.

Baste recordar que el 27 de octubre pasado Quito se alistaba para recibir a las dos delegaciones y un nutrido grupo de asociaciones de toda índole y en el último minuto debieron suspender los actos porque el ELN se negó a cumplir la única exigencia que hizo Santos: liberar al ex congresista Odín Sánchez, que solo regresó a su hogar el 2 de febrero.

Los equipos, encabezados por el conservador Juan Camilo Restrepo, ex ministro de Santos y de otros gobiernos, y “Pablo Beltrán”, integrante del COCE, máximo órgano de decisión del ELN, comenzarán por discutir “acciones humanitarias y construcción de gestos de confianza”.

Restrepo adelantó que pedirán a la contraparte renunciar al secuestro puesto que “sin esa decisión, será muy difícil avanzar en la construcción de acuerdos y garantizar credibilidad del diálogo (…) Las familias de quienes aún continúan secuestrados por el ELN esperan prontamente este anuncio”.

De manera simultánea a lo anterior, abordarán el primer punto de los seis de la agenda, “Participación de la sociedad en la construcción de paz”. Ha sido un viejo anhelo de la guerrilla involucrar a sus compatriotas en la búsqueda de una salida política al conflicto armado, pero encuentran una sociedad hastiada de los cuatro años que duraron las negociaciones con las FARC, cuyo resultado fue rechazado en un plebiscito, y aquejadas de un cierto escepticismo por las manifestaciones recientes de jefes del ELN.

Uno de ellos afirmó, tras la liberación de Odín Sánchez, que seguirán secuestrando para conseguir dinero y otros están inmersos en campañas de extorsión en diversos pueblos que sufren su terror, para idéntico fin. Además, la Policía Nacional detuvo a un miliciano del ELN responsable de asesinar a doce líderes sociales del Cauca por su oposición a la explotación ilegal de oro que arrasa con la Naturaleza, y a finales de enero incautaron en el Pacífico 3.617 kilos de cocaína que la guerrilla pensaba enviar al cártel de Sinaloa. Para las autoridades, hay evidencias de que el ELN pretende ocupar espacios delictivos que abandonan las FARC.

Si bien Ecuador será el anfitrión inicial, luego podrán desplazarse a Venezuela, Cuba, Noruega o Chile, países acompañantes del proceso.

Nacido en 1964, a rebufo de la revolución castrista, el ELN cuenta con una tropa de unos 2.500 miembros, la mayoría enlistados siendo menores de edad, y un número similar de milicianos (sus tentáculos en los núcleos urbanos). Sus fuentes de ingreso provienen de la extorsión a ciudadanos, ayuntamientos, empresas públicas y privadas, así como del secuestro, el narcotráfico y la minería ilegal. No cuentan con presencia en casi todo el país como las FARC, pero ejercen gran poderío en algunas regiones. Arauca y Norte de Santander, ambas fronterizas con Venezuela -que ha sido, junto a Cuba, su santuario tradicional-, así como Cauca y Chocó, al oeste de Colombia, son algunas donde su acción criminal es más intensa.