El trabajo es un aspecto que representa para muchos una gran satisfacción, pero a otros es un martirio. Sin embargo, el trabajo es una necesidad básica, de lo contrario sería imposible el desarrollo social humano. Además, el mundo se construye con trabajo, pero este debe contener honestidad, dignidad, igualdad de derechos y ser proporcional al esfuerzo. Empero, si en un país hay desempleo, desigualdad social y pérdida adquisitiva de bienes y servicios, entonces el sector laboral estará en crisis.

Sin embargo hoy, ocurren varias formas de marginación contra la fuerza trabajadora, y es que se ha vuelto costumbre en algunos países no emplear a personas por ser mayores de 35 años o por el argumento de que están “sobrecalificadas” para los puestos que requieren las empresas.

Otro factor que ha incidido en lo anterior en las últimas décadas, son las escalas salariales, entonces los puestos profesionales se enmarcan en altísimos salarios, que las empresas no siempre están decididas a remunerar. En la otra contraparte están los salarios base, que son insuficientes para enfrentar la galopante inflación, de algunas naciones.

Pasando a un asunto ético, tenemos que San Pablo en su tiempo dijo que quien no quiera trabajar que no coma. Cuando él dijo eso se refería a las personas que pudiendo trabajar, no querían hacerlo. Distinto es cuando la gente no tiene trabajo porque se le margina en la sociedad o debido a la escasez de trabajo.

En el sentido teológico podemos considerar que, quien no trabaje por el reino de Dios (al dejar de hacer caridad y ayudar a los más pobres) en realidad es el que no merece comer del pan espiritual del Señor, pues no comulga con él al no ser generoso con el prójimo.

Lamentablemente, hay personas que son adictas al trabajo y a las riquezas materiales, y a menudo se vuelven duros jueces de los demás y piensan, que los que viven en pobreza es, por la vagancia o el conformismo.

Meditemos entonces en cuál posición nos hallamos, si en el extremo de la vagancia o en la codicia laboral cuando queremos más y más dinero, solo para vivir llenos de lujos y placeres hedonistas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez 
Comentarista de temas cotidianos