Una empresa minera ha destruido a golpe de piqueta la catedral neorrománica de Immerath, en el oeste de Alemania. La imagen de las excavadoras derribando un templo de más de cien años, ha provocado las protestas de los vecinos y se ha convertido en símbolo de la lucha contra el carbón.

Tras un último servicio religioso, las máquinas comenzaron los trabajos de demolición de la denominada catedral de Immerath, cuya construcción se terminó en 1891 y que fue centro espiritual de la comunidad durante 122 años, hasta que el grupo energético alemán RWE, un holding de empresas productoras de energía compró la iglesia para derruirla y poder ampliar así su mina de lignito.

Immerath

En realidad compró todo el pueblo. Hace siete años, antes de la adquisición, esta localidad cercana a Aquisgrán tenía 1.500 habitantes a los que la empresa ha ido cancelando los contratos de alquiler. Hoy solo permanecen en él alrededor de 30 personas.