Una atmósfera de incertidumbre y desazón se genera en torno a una considerable cantidad de hijos, no sólo en Hondura sino a nivel mundial, cuando se toca el tema del «padre de familia», puesto que hay en común ciertas historias trágicas. Este fenómeno del «descontento de los hijos» ha colocado a los «papás» en una aparente posición secundaria, irrelevante, de poca estima… Y uso la palabra «aparentemente», porque el hombre sigue siendo una pieza fundamental en la reproducción de la especie humana, que, en todo caso, no se podría dar sin la complicidad de la mujer; excepto que el primero cometa el delito de violación en contra de esta última, el cual tiene una pena establecida en la ley que se debería aplicar a todo el que tal haga.

Algo que no debemos pasar por alto, es que las madres agredidas, tanto física como psicológica o ambas, por parte de quienes en determinado momento les juraron amor eterno mientras se derretían en mimos y halagos para conquistarlas, transmiten de forma eficaz y sutil a sus hijos (a veces sin palabras) su dolor. También de manera consciente o inconsciente les transmiten la indiferencia, el desprecio y el rechazo que ellas sienten hacia los agresores e irresponsables maridos. Y las que son extremistas, engendran odio y rencor en el corazón de sus inocentes criaturas, al punto de que algunos hijos al crecer se vuelven enemigos de sus progenitores y están listos para matarse o liarse a golpes con ellos.

Suponiendo que ellas tienen toda la razón, enfermar o contaminar el corazón de sus pequeños de forma premeditada, debería ser visto como lo que es: una gran maldad. Dichosos los niños que cuentan con una madre que en sus corazones únicamente siembra el amor, la gratitud, el respeto, etc., etc., etc. y toda clase de valores morales.

Aunque la mayoría de hijos al crecer hace exactamente lo que sus papás, no obstante, ninguno de ellos aceptaría el maltrato de su progenitor en contra de su madre. Pueden aceptar que se les maltrate a ellos, pero no a ellas. Es razonable, entonces, la indiferencia y apatía que predomina en los hijos frente a sus papás, notándose con más facilidad cada Día del Padre. Por el contrario, el Día de las Madres es colorido, se rebosa de amor, alegría, gratitud, nostalgia etc.

Entonces, aunque hay excepciones, los padres se han ido quedando relegados, como consecuencia de su conducta retrógrada, machista y violenta contra su cónyuge, frente a sus hijos y ante la sociedad; otros engendran irresponsablemente y luego abandonan. El engranaje milimétrico de sus vidas, propulsado por la alineación precisa de las leyes naturales, ha hecho que el macho alfa, garañón, irreverente y violento empedernido, recoja el fruto de lo que exactamente ha venido sembrando en su caminar. Es el mismo hombre, entonces, más que la mujer, quién ha creado esa atmósfera de incertidumbre y desazón en sus hijos.

No hay nada de sabio, tampoco una grisma de inteligencia, en aquellos padres que decididamente, conscientes o inconscientes, han perdido el amor de aquellos tesoros que no supieron valorar. En realidad, muchos padres no tienen ni la más mínima idea de lo que se han perdido, al no contar con el afecto, el cariño y el amor de sus hijo.

Cuando observes a una familia unida y rebosante de verdadero amor y gratitud, no creas que aquello es producto de la casualidad o de la suerte. Recuerda que atrás o debajo  de todo lo que sobresale, siempre están los que trabajan de manera constante para conseguir lo que se proponen. El amor sin malicia, la responsabilidad, la gratitud, el respeto, etc. son componentes que crean una base sólida en la que la familia puede descansar segura.

El amor aceptable siempre busca el bienestar del otro, porque en tanto que beneficias a los demás te beneficias a ti mismo.

Sobre el autor de este artículo:

Adrián Torres nació un 26 de agosto en Choluteca, Honduras, C. A. Narrador de formación autodidacta: novelista y cuentista. Ha publicado dos novelas: “Sombras Entre la Tormenta”, “Toñito”. Hay una tercera novela de su autoría en la editorial SEDDAL México, en proceso de revisión. Ahora mismo Adrián Torres está llevando a cabo el proyecto de escribir cuento, porque tiene el propósito de publicar un libro que recoja cuentos con la temática de la situación política que ha atravesado Honduras en las últimas dos décadas.