Sputnik discutió sobre la tragedia en Christchurch (Nueva Zelanda) con el profesor Philip Alpers, director y fundador de GunPolicy.org.

Esta organización es un proyecto global de la Escuela de Salud Pública de Sídney que compara la violencia armada, la prevención de lesiones con armas de fuego y la ley de armas de fuego en 350 jurisdicciones de todo el mundo.

“Nueva Zelanda tiene algunas de las leyes de armas más estrictas entre los países desarrollados, pero también tiene grandes lagunas en la legislación. Y uno de esos vacíos es que casi únicamente Nueva Zelanda, junto con Estados Unidos y Canadá, no registra el 90% de sus armas de fuego. Los dueños de las armas sí tienen licencia, pero cada arma de fuego no está registrada. Es muy poco común; ese es uno de los pilares del control de armas en todo el mundo”, explica Alpers a Sputnik.

Precisamente este detalle habría hecho mucho más fácil para el atacante conseguir un arma de fuego, considera el experto. Uno de los arrestados es un hombre australiano de 28 años, y si hubiera intentado comprar esas armas de fuego y cometer ese crimen en Australia, le habría resultado muy difícil hacerlo porque esas armas están prohibidas, destaca. No así en Nueva Zelanda.

En Nueva Zelanda, el 96% de las armas de fuego civiles no están registradas, o sea, nadie es personalmente responsable de cada arma de fuego. Todavía es perfectamente legal vender un arma de fuego a otra persona y no mantener ningún registro de esa transacción. Y eso hace que sea muy fácil que las armas de fuego lleguen a manos de delincuentes, continúa el experto.

En la opinión de Alpers, “sería muy sorprendente si Nueva Zelanda y su actual Gobierno, después de este terrible choque, no hicieran algunos movimientos muy rápidos”.

De acuerdo con David Otto, director de la Organización Internacional de Riesgo Global para Combatir el Terrorismo y el Crimen Organizado y del programa ‘Step In Step Out’ sobre la prevención de la radicalización y el extremismo violento, el atentado en Christchurch podría ser solo la punta de un iceberg.

Otto recuerda que, según el manifiesto publicado por uno de los radicales que supuestamente perpetraron el ataque, lo llevaron a cabo simplemente porque consideran que la comunidad islámica musulmana es una amenaza para la seguridad nacional de Australia, Nueva Zelanda y Europa.

Uno de los atacantes prometió que los próximos objetivos serán todos los estados europeos y no europeos que permiten a los musulmanes entrar en sus comunidades, y, a juicio de Otto, la negatividad hacia los inmigrantes solo va a crecer.

“La situación podría deberse al hecho de que unos yihadistas vayan a regresar a Europa, Australia y Nueva Zelanda. Por ejemplo, en Nueva Zelanda han dejado muy claro que quieren aceptar a las novias yihadistas, si son neozelandesas”, destaca Otto.

También hace recordar que el aumento de la islamofobia suele ser consecuencia del aumento del extremismo yihadista, así que el aumento del extremismo de derecha es una respuesta al colapso del Estado Islámico (ISIS) —organización terrorista proscrita en Rusia y otros países—.

El experto también atrae la atención a una paradoja: aunque un país puede tener un bajo nivel de amenaza terrorista como Nueva Zelanda, su vulnerabilidad a esta amenaza es muy alta. A su vez, esto implica que las células terroristas no solo pueden estar vinculadas al extremismo islámico sino también a la extrema derecha.

“De hecho, cuando un país muestra afecto o simpatía por los yihadistas que regresan de regiones como Siria o Irak, crea el terreno para un aumento de la amenaza de los extremistas de derecha. Su lema es ‘No necesitamos inmigrantes. No queremos que los musulmanes vengan al país porque representan una amenaza a la seguridad nacional de nuestro país’. Así que sí, aunque Nueva Zelanda tiene un bajo nivel de amenaza, esto a su vez significa un alto nivel de vulnerabilidad”, recalca el experto.

Además, en su opinión, la red terrorista puede ser mucho más profunda de lo que se cree y está seguro de que hay más sospechosos. A medida que avance la investigación, la profundidad de la red de planificación y preparación se hará evidente. Tal vez haya movimientos fascistas o radicales de derecha involucrados.

“Dada la naturaleza del ataque y el número de víctimas, no me parece que el caso vaya a terminar con cuatro detenidos. Deben haber tenido más apoyos”, concluye.