En Perú: ¡Presos! En Colombia: ¡Tapen, tapen, tapen!

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El General Francisco de Paula Santander

Los escándalos de corrupción descubiertos en Colombia vienen causando una especie de asco en la población, que infortunadamente aún no toma la determinación de movilizarse en contra de quienes, disfrazados de estadistas, tecnócratas o grandes empresarios, tejen la telaraña para robarse los dineros del erario mediante tretas que intentan borrar las huellas del vil atentado.

Esta corrupción de “cuello blanco”, o de “los hijos de papi y mami” es la segunda razón, después del modelo neoliberal que la engendra, por la que millones de ciudadanos estén privados de sus derechos fundamentales, entre ellos la propia vida, conculcada con el proceso de la privatización de la salud, cuyos recursos son saqueados con particular frecuencia. El tema es tan grave que cobija a todos los ejes del Gobierno y en todos los niveles.

Los últimos casos de: Carrusel de la contratación, Agro Ingreso Seguro, la quiebra del sector financiero, Saludcoop, robo de regalías, Reficar, Interbolsa, Fondo Premium, pirámides, financiación de grupos al margen de la ley, Estraval o libranzas y Odebrecht, son apenas “la punta del iceberg” de la forma en la que la inmensa mayoría de los dirigentes que durante los últimos 200 años han gobernado este país han colocado sus intereses por encima del interés nacional, en medio de la absoluta impunidad, si bien existen excepciones.

El general Santander, en decreto del 23 de octubre de 1819, en su Ley Principal contra los empleados de Hacienda sentenciaba:

“El empleado en la Hacienda Pública Nacional a quien se le justificara sumariamente fraude o mala versación (sic) en los intereses públicos o resultare alcanzado, se le de las provincias (sic) y a la dirección general para su exacto cumplimiento, la pena de muerte sin necesidad de formar más proceso que los informes de los tribunales”

Así mismo, el 12 de enero de 1824, se dictó la Pena Capital:

“Simón Bolívar, Libertador Presidente…Todo funcionario público a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los fondos públicos de diez pesos (10.00) arriba, queda sujeto a pena capital…”

De ese tamaño son los antecedentes de la corrupción de esa mayoría que han dirigido este país.

Mientras que en el Perú, el expresidente Alberto Fujimori está preso, condenado a 25 años de cárcel inconmutables a pesar de su enfermedad, mediante un proceso de la justicia civil en 2007 debido a masivas violaciones a los derechos humanos durante su gobierno (1990-2000), y acaban de dictar orden de captura a otro expresidente, Alejandro Toledo –que es perseguido como fugitivo y pagan por su cabeza– por supuestamente recibir sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, aquí en Colombia el Fiscal General transfiere las investigaciones sobre las campañas electorales del Santismo y el Uribismo hacia el Consejo Nacional Electoral, una especie de Comisión de Acusaciones, que tiene naturaleza y composición política, donde estas dos corrientes son mayoritarias, y que no tiene capacidad para hacer ningún tipo de investigación.

Se repetirá lo del proceso 8000 de Samper: Tú me absuelves y yo te absuelvo.

Como dice el candidato presidencial del Polo Democrático, Jorge Robledo: ¡Tapen, tapen, tapen!

Por:JOSÉ ARLEX ARIAS ARIAS
Comunicador Social – Periodista
Director Noticiero Tribuna Libre de Opinión
arlexariasarias@yahoo.com
Cartagena – Bolívar, 20 de febrero de 2017


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