Había un empresario que tenía una pequeña fábrica la cual estaba aun en crecimiento. Ese señor se caracterizaba por querer que todas las cosas se hicieran sin demora, de allí que sus empleados le apodaron el señor Pronto. Su pobre secretaria era víctima de los apuros de don Pronto, de allí que a ella también le pusieron el mote de señorita Celeridad. Pero el caso es que cierta vez, don Pronto hizo un contrato con otro fulano, de manera que se debían enviar las mercaderías vendidas hasta el otro extremo del país.

El viaje tardaría unas semanas, sin embargo don Pronto se dijo: _ Qué buena venta hice, pero si envío las mercaderías en menos tiempo de lo pactado, podré volver a llenar mis bodegas con más materias primas y productos listos para vender. Por eso don Pronto le indicó a Celeridad que le buscara una empresa de transportes, que le hiciera el flete en menos tiempo.

Horas después Celeridad entró a la oficina de don Pronto y le informó: _ Señor, ya hice el contrato con una empresa llamada Transportes Urgentes y me garantizaron que las mercancías las harían llegar cuatro días antes de lo previsto, eso sí, la gente de la empresa dijo que sus fletes no aplican seguros de riesgos. Don Pronto respondió: _ Eso no es problema, de todas formas en estos días el clima está muy bien y las carreteras por donde irá la carga no son muy peligrosas.

De tal manera, las mercaderías se pusieron en tránsito, pero cuando los camiones iban a poco más de medio camino, se desató una inesperada tormenta de tal suerte que justo, cuando el convoy pasaba por un sector montañoso, se vino una correntada que arrastró los vehículos y se perdió la carga y la vida de los conductores.

De este cuento la moraleja que queda es: «No entregues las mercancías antes de tiempo.»

Esa enseñanza, la podemos aplicar a muchas situaciones humanas, toda vez que la gente se complica la vida cuando pierde su virginidad de forma precoz, o cuando las chicas se embarazan en su edad escolar y colegial, o cuando hacemos una serie de cosas más fuera de tiempo.

Por eso a veces, nos apuramos a iniciar un negocio o comprar a la ligera, luego descubrimos engaños en las cosas que adquirimos. En las guerras por ejemplo, a veces una decisión precipitada y sin buen análisis puede conducir a la derrota. Reflexionemos pues, y quizás evitaremos un montón de cosas negativas en nuestras vidas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos