“Ernesto de polvo” y otros poemas de Calú Cruz

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Calú Cruz. Es narrador, poeta, docente, gestor cultural, Presidente y Coordinador del Colectivo Cultural Birlocha y de la Birlocha Literaria, ambos de Orotina

Óscar Leonardo Cruz Alvarado más  conocido  como Calú Cruz (nació en Alajuela, 1987). Es narrador, poeta, docente, gestor cultural, Presidente y Coordinador del Colectivo Cultural Birlocha y de la Birlocha Literaria, ambos de Orotina. Además, es Coordinador por la Provincia de Alajuela para la Unión Hispanomundial de Escritores y, actualmente, ha sido designado como Director Ejecutivo, Embajador Cultural Itinerante y Embajador Emérito Colegiado por la Confederación Latinoamericana de Escritores, Artistas y Poetas del Mundo (CONLEAM), con sede en Argentina.

Calú es el organizador del Certamen Literario Luis Ferrero Acosta y ha escrito tres libros de cuentos: Cuentos de mamá muerte, (2012), La corrosión de los Entes, (2016) y El eco de los durmientes (2018). Ha participado en las antologías “Vía 28” y “Nueva poesía costarricense”. También, colabora activamente con la Biblioteca Pública de San Mateo en todo cuanto puede o se le permite. Sus obras han estado a la venta en estanterías estadounidenses, nicaragüenses, uruguayas y en las librerías más relevantes de Costa  Rica.

Ernesto de polvo

A Ernesto Cardenal (1925-2020)

Ernesto con los ojos puestos en sus antiguas nicaraguas. Ernesto acuna versos que pronto se le esfuman: los suyos, los de otros y de un tal Darío. Ya oculta sus dientes tras la cortina de sus labios, le tomaron el semblante los bárbaros atilas de Vallejo: sus zanjas oscuras y el rostro fiero. Ernesto con su pelo de plata y añejado por las cenizas perennes de los volcanes norteños. Ernesto allá donde cree estar con sus ojos vueltos hacia el umbral. Él sabe, ya es apunte para cualquier historiador, mas lo veo guardado como un almanaque de otros años y adoptando la forma del caparazón de su silla. ¡Cuán escandalosa su barba de alambrina! Ernesto con la cuadrícula de sus cachetes que esbozan sus años y sus pieles de papel china. Ernesto inclinado ante un Papa que lo reprende, pero oculto en la simetría de sus lentes. Ernesto divisado por mis ojos con su último halo de luz. Ernesto siendo de carne un día, y Ernesto siendo de polvo, al otro…

Este texto lo puede  ver en este video:

Vos y yo en Varsovia

Nos quebramos como
jarras de barro
por las vicisitudes,
por la insolencia rojiza
de un sol en Varsovia.

Nos chupamos la sangre,
la pólvora que tizna la carne
y el brazo materno
entre los escombros
del gris.

Nos hicieron
ruina,
raíces depravadas de ruina…
Por fuera “El pensador”
de Rodin, por dentro,
“Derrota”
de Ochoa.

Estamos con ojos de sal,
manos de alambre
y muertes
como estampas de suela.

Nos quebraron como
vidrios,
nos sepultaron
paladas del odio
de aquel sol en Varsovia.

Beso tu fe en los hombres,
niño, y tus
manos de humo y
tus pies de arena…
Por fuera sos “El pensador”
de Rodin, por dentro,
“Derrota”
de Ochoa.

La vida
es el odio del hombre,
y el amor,
tu mirada desabrida hacia el suelo.

Hombre de polvo

Debo aprender a amar la nada,
enrolarme entre frazada de dunas
para cambiar tu piel durante las noches.
Debo inventarme otros labios crueles
que semejen la medida de los tuyos
y abrazarme a la tormenta de arena
y hasta que todo quede igual:
el beso ausente,
la caricia negada, mi sonrisa insignificante,
los pulmones cual uvas secas…
el corazón resquebrajado en miles.

Debo saciarme en afluentes imaginarios:
arrastrarme cual serpiente desértica
en busca de sombras inexistentes
o de alguna mujer samaritana.
Ya no lo niego y ya no lo escondo:
me arde el encarnizado vientre
y, quizá, necesite transmutar a escorpión.

Debo escurrir el polvo entre mis manos
y que marque grietas desconocidas
hasta que me bese los pies descalzos
“porque polvo soy y en polvo me convertiré”.

Debo probar el bocado:
amargo polvo bajo la lengua y en el paladar,
y que este no sea más tu boca o tus manos.
¡Oh, por Dios!
Cuánto preciso un oasis de caricias
y de gratitud que me hablen al oído…
¡Y cuánto me arrastro!,
¡por Dios que lo hago!

Exijo amor antes de que muera el sol,
y la humedad que me rodee no sea más
que mi propio sudor lloroso.

Besé tantos cactus hurgando el amor.
Soy una serpiente desértica y
cuánto me arrastro…
¡Por Dios que lo hago!
Debo rodearme de brazos húmedos
para evitar el desplome del alma y del cuerpo.
Y yo sé que debo sobrevivir
y por un Dios que también lo intento.

Pseudopoema #666

Siempre he sido presa de las brujas,
de sus bailes alocados bajo la luna,
del lamento de sus almas ante la llama
y sus vientres desnudos cual copas de vino.

Siempre me ha gustado el libertinaje,
el mío y el suyo,
el entierro de sus dedos entre el barro
o el hedor a monte que emana de sus cuerpos,
y sus ojos avellanados que se tiñen
según sus designios.

Siempre me han gustado las brujas
y, tal parece, siempre me seguirán
gustando.

Derechos reservados de autor, Calú Cruz. Costa Rica.

Por: Carlos Javier Jarquín
Carlos Javier Jarquin
Escritor y poeta