Recuerdo cuando vivíamos en el centro de Cartagena de Indias, en los años ’90, en un apartamento con balcón colonial que daba a la Calle Estanco del Aguardiente. Allí, un día, por esas aceras se posesionó “Botellita” y armó su casa hecha de una decena de cajas de cartón justo en la parte de atrás del Colegio de la Presentación.

“Botellita” en realidad se llamaba Carmenza y se había fugado del Carmen de Bolívar desde los tiempos de las violentas persecuciones políticas entre conservadores y liberales, en los años ’50; desde entonces había deambulado como una indigente por las calles de la Heroica. Pero además de “Botellita” por nuestro barrio solían pasar muchos otros vendedores ambulantes: algunos vendían tinto, otros aguacates, mangos, zapotes, cocadas, alegrías, etc. Había uno, en particular, que vendía “griegas” y que desde lejos cargando su bolsa llena de obleas crocantes con bocadillo de guayaba, pregonaba “¿Es que no me oyen o es que ne me ven?… y son griegas.

Traigo a colación este simpático recuerdo por que los tiempos que estamos viviendo, en varias partes del mundo, parecen ir absorbiendo tintes cada vez más absurdos. Me explico. ¿Como es posible que en Colombia la gente no se de cuenta que estamos jugando con fuego? O sea, ahora que el próximo 17 de junio en las elecciones presidenciales pasamos al voto definitivo hay gente que sigue insistiendo en decir que el candidato de izquierda radical es la mejor opción.

¡No es suficiente que sea un declarado filo-marxista; que adule al castro-chavismo; que tenga un pasado guerrillero con el M-19; que sea aliado de los delincuentes de las FARC, con las cuales el gobierno Santos ha hecho un acuerdo que en realidad es una burla!… ¿Queremos ver a Colombia vuelta un desastre socio-político y económico igual que Venezuela o Cuba o Nicaragua?…

Y tengámoslo bien claro: si este señor llega al poder pondrá inmediatamente el ojo en las empresas privadas lo cual causará la fuga de la clase media colombiana y de sus capitales y nos llevará al colapso de nuestra economía; así como la clase media venezolana está hoy exiliada en Florida y sus puestos han sido reemplazados a dedo, por los burócratas de Maduro, con una marea de mediocres e ineptos, y el país que en los años ’80 era un “paraíso”es hoy en día una nación triste, desolada y llena de hambre y necesidad de todo tipo.

¿No esta suficientemente claro que este señor es total y descaradamente “populista”? Con tal de llegar al fin que se propone, a él le da igual declarar una cosa como otra. Un día dice que a los ricos hay que expropiarles sus viviendas – ¡por lo menos las que son superiores de 65 metros cuadrados! – y a la semana siguiente “rectifica” y dice que ahora lo que le interesa es un modelo de capitalismo “democrático”.

El primero que debería ceder su aposento a los “pobres” debería ser él mismo puesto que disfruta de una casa de estrato 6, completa de garaje para dos lujosos vehículos el acelerador de los cuales pisa con zapatos de Ferragamo, ¡nada menos!…

Se parece mucho al líder anti-capitalista del partido izquierdista “Podemos”, en España, que desde el 2007-08 ha cabalgado la protesta social del 15-M – de aquellos desafortunados que lo perdieron todo a raíz de la despiadada crisis financiera – y ahora ha decidido comprarse un mansión con piscina del valor de más de € 650.000,00 (en realidad ese es solo el valor del terreno) en una de las mejores zona residenciales de Madrid.

Se puede estar o no de acuerdo con sus ideas, pero un tiempo los izquierdistas eran notoriamente rígidos y austeros en sus modos de proceder; hoy en día, no hay un “proletario” que no haya vendido su alma al materialismo. Es decir, son falsos, mentirosos, venden “humo”, proponen proyectos irrealizables y una vez que se instalan en el poder destruyen toda la riqueza que los anteriores gobiernos y sociedades han creado. Es así, por que el “marxista” no tiene ni idea por donde empezar a crear riqueza; la riqueza de un país la crea el sector privado dentro de un marco jurídico-financiero seguro y competitivo, y no al revés.

Pero en nuestros tiempos contemporáneos parece que la verdad, la justicia, la coherencia y el buen sentido ya son algo puramente opcional. El pueblo ama dejarse emborrachar y seducir con logorreicos discursos y delirantes plataformas y aún viendo el fantasma “a la vuelta de la esquina”, como quien dice, se dejan llevar por “emociones” profundamente faltas de sabiduría.

elgriego
Por eso me acordé de la frase de “El Griego”, aquel vendedor ambulante que pregonaba sus entrañables dulces por mi amado Corralito de Piedra:

“¿Es que no me oyen o es que ne me ven?…”.

Por: Nereyda Guerrero De Manderioli
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