Es irritante el ambiente electoral que estamos observando en los últimos días, denuncias de candidatos contra otros y amenaza de muerte a un aspirante para que se retire ya que este ha subido vertiginosamente en las encuestas; pero los candidatos mantienen su posición y señalan promesas que difícilmente, en algunos casos podrán cumplir, porque la mayoría cuando llegan al poder lo primero que hacen para justificar sus mentiras es sacar a relucir el retrovisor y culpar al saliente por dejar una brecha enorme que le impide avanzar en soluciones para la comunidad, es común ver que muchos de ellos no sueltan el micrófono y prometen de todo. Construir puentes donde hay semáforos, abrir vías para que el flujo vehicular sea rápido, acabar con los peajes dentro de la ciudad, los más pobres no pagaran agua potable, poner en ejecución varios proyectos de viviendas de interés social; hacer colegios, dar más empleo, acabar con la pobreza, poner más policía para acabar con la delincuencia y de hecho la inseguridad, y convertirse en los médicos para curar todos los males sociales que aquejan a la ciudad.

Pero la verdad es que más de la mitad de esas promesas terminan en discurso y cuando consiguen los votos, no vuelven a aparecer y vivimos cuestionado la participación de algunos de ellos, que al decir de la opinión pública y de las mismas autoridades están cuestionados, por nexos con personas o entidades de dudosa honorabilidad y también se registra el fenómeno de quienes como contratistas desde ahora apoyan determinada campaña, pero una vez el personaje esté en el gobierno, proceda a la devolución de los invertido, pero triplicando su valor, por eso usted ve que algunos de los aspirantes al Concejo, Asamblea, Alcaldía y Gobernación han gastado enormes sumas de dinero, que pueden superar el monto de lo autorizado por ley, pero la dificultad consiste en comprobar esta anormalidad electoral.

La ceguera de los ciudadanos, partidos políticos y medios de comunicación de comprimir la elección de octubre a una puja por la alcaldía y gobernación, hace olvidar la importancia del concejo y asamblea. Podría apostar que la gran mayoría del elector primario de Cartagena y Bolívar se quejan con indignación por lo que sucede socialmente a su alrededor después de haber elegido a un coadministrador del distrito, que se prepararon para leer libro y medio, buscando lo irregular y doloso y nunca favorecer a sus representados, sin embargo son los mismos que salen a pregonar honestidad y combatir la corrupción, discurso que en cada temporada le van agregando algunos aditivos para que los imbéciles le crean y los reelijan, simplemente porque en el tarjetón no aparece el rostro de estos canallas, por lo tanto el elector no se acuerda por quién votó para el Concejo porque el líder de su barrio le dijo que marcara un logo del partido y un número.

Sin embargo, tan importante como no equivocarse en la escogencia de un alcalde o gobernador es no rajarse a la hora de elegir a un concejal o diputado un hecho que soslayamos con frecuencia y por eso nos va mal posteriormente. Recordemos que la ciudad funciona como cualquier empresa de Mamonal. Por más bueno y experimentado que sea un gerente, la compañía nunca llegará lejos si su junta directiva tiene a miembros corruptos, sin preparación o interesados únicamente en chantajear o bloquear al administrador de turno. El alcalde y Gobernador se han convertido cada vez más en rehenes de los concejales y diputados y si estos sólo quieren puestos y contratos y no cuentan con las credenciales éticas que les permitan acceder a semejante función pública, la ciudad se va al fracaso estancando su progreso y desarrollo; repitiendo esta tragedia cada cuatro años y entre más avanza el tiempo, peor nos va con el concejo y la asamblea. Se trata de un mal mayor, si tenemos en cuenta que además de la aprobación de los planes de ordenamiento territorial de cada municipio, los concejos intervienen en la definición de sobretasas, valorizaciones y contribuciones especiales de esas que afectan directamente nuestro bolsillo. De ahí que, ESCOJAMOS A UNOS BUENOS VOCEROS EL PRÓXIMO 27 DE OCTUBRE.

Por: William Hundelhausen Carretero
Presidente Nacional APIC

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