Parecía un muñeco mecido por las olas. Pero no. Era Aylan que, con su camiseta roja y su pantalón azul, lanzaba, su voz, un grito desesperado para lograr una solución que, desgraciadamente, él no podrá disfrutar, al igual que su hermano y otros muchos refugiados.

El “grito silencioso” de Aylan sólo ha logrado que quienes pedían una vida mejor sean repartidos entre los países de la Unión Europea,, después de un regateo entre los responsables políticos de cada Estado miembro.

Tras los gritos en estaciones de tren como si fueran ganado, tras escenas de familias tiradas en las vías pidiendo poder vivir, tras su estancia en centros de acogida hacinados, parece que han sido escuchados aunque ahora hay que saber cómo será su situación en los países de acogida. Es muy difícil ser escuchado.

Como también lo es para aquellas mujeres que sufren violencia de género y que temen denunciar a su maltratador porque no se sienten protegidas por sistema, al que piden que se las escuche y que se las ayude, sin aislarlas del resto de la sociedad.

El miedo y la vergüenza impiden a siete de cada 10 víctimas de violencia de género denunciar al hombre que las maltrata, según un informe de la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género que añade, además, que muchas mujeres temen también a que no las crean, al proceso judicial, a que su protección no sea efectiva, a perder a sus hijos o a no poder vivir por sí solas. Se trata de escucharlas para que tengan una nueva vida, no de llorarlas tras su muerte.

Y el futuro no parece prometedor. Más del 80% de los adolescentes y jóvenes españoles de 14 a 19 años afirma conocer o haber conocido algún acto de violencia de género en parejas de su edad. Este estremecedor dato lo ha hecho público una investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

Los datos de este informe del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud son otro grito para evitar el maltrato, para que los que tienen los medios escuchen a quienes sufren esta lacra para que en el futuro, la violencia de género sea sólo un mal recuerdo. Es muy duro ser maltratada y muy difícil que te escuchen.

Qué decir de aquellas familias que tiene que cuidar de personas dependientes. Parece que nadie les escucha. La crisis les sumió en la oscuridad; los recortes les han dejado casi al margen de la sociedad. En España hay 1,2 millones de personas reconocidas como dependientes, el sistema solo atiende a unas 750.000. ¿Quién escucha sus reivindicaciones?

El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) tiene en marcha una campaña contra el copago confiscatorio en materia de dependencia. Ha recogido más de 500 mil firmas de apoyo, superando las 500.000 necesarias para que esta propuesta llegue al Congreso de los Diputados y tenga que ser debatida por esta Cámara.

Con el apoyo del CERMI y otras asociaciones, las personas dependientes y sus familias han sido oídas por un buen número de españoles.

Otra voz ahogada por la crisis es la de los desahuciados. En España, entre 2012 y 2014, cerca de 100.000 familias perdieron su vivienda habitual, según Amnistía Internacional (AI).

Para Amnistía Internacional, han de pararse los desalojos hipotecarios mientras no se adopten garantías de protección, de tal forma que los jueces analicen, caso por caso, la razonabilidad y proporcionalidad de un desalojo.

La organización señala que, según el Derecho Internacional, las autoridades tienen la obligación de utilizar el máximo de recursos disponibles para garantizar el acceso al derecho a la vivienda de las personas, especialmente las más vulnerables.

Esos son sólo unos ejemplos de grupos de personas que quieren y que necesitan ser escuchados para poder solucionar sus problemas, para poder vivir su vida. Han sido escuchados por los ciudadanos de base que les muestran su solidaridad, les ayudan, les dan cobijo, firman y apoyan sus reivindicaciones… Pero quienes de verdad pueden arreglar su situación, ¿les han escuchado? ¿Esperan mejores tiempos para oírlos? ¿Quizá fechas próximas a períodos electorales? ¿Algunos que les oyeron antes, ahora, en cargos de responsabilidad, no lo hacen? Qué duro es no ser escuchado cuando para seguir adelante, para salir de la oscuridad, para ser uno más, para poder vivir en sociedad y con normalidad es necesario invertir dinero, aunque éste sea de todos.

Por: Antonio Saugar Benito
Periodista


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