Hace décadas existían las barreras de vidrio entre los trabajadores y el público en bancos, administraciones públicas, oficinas de correos… Los tiempos cambiaron y la cercanía se convirtió en un valor que fue derribando estas pantallas. La nueva normalidad de un mundo golpeado por la covid-19 alejará a las personas, volverá a levantar diques de contención que se habían olvidado y dará un revolcón a buena parte de las costumbres sociales, al menos, hasta que una vacuna consiga doblegar al coronavirus.

Es verdad que se está debatiendo mucho sobre el estado de alarma. Bien es cierto que existen legislación, Ley de Sanidad, de Seguridad para estos casos excepcionales, pero al depender de las diferentes Comunidades Autónomas, eso podría suponer agravios, lo menos e incrementar el número de víctimas, lo cual sería mucho peor. Esperemos se pueda levantar lo antes posible, pero depende de la responsabilidad civil, nuestra responsabilidad personal y por eso este artículo quiere ser un llamamiento a la misma.

El mundo que nos espera estará centrado en la solidaridad, pero lejos del optimismo convivirá con grandes contradicciones. Se ha generado un mundo individualista, y la realidad nos marcará nuevos rumbos, pero para ello necesitamos una política más amable de que te tenemos hoy y los políticos, en su inmensa mayoría, no sirven a ese fin.
Desgraciadamente el futuro se prepara cultivando el presente y seguimos manteniendo actitudes pasadas que lejos de ayudar, pueden perjudicar.

No pretendo con este artículo, ni hablar de colores, ni banderas. No pretendo ser amable y ofrecer complacencia, sino levantar conciencias, llegar a molestar a pesar de banderas y colores, pero hacer reflexionar. En nuestras manos esta levantar un nuevo futuro esperanzador, aunque no exento de sacrificios y esfuerzos.

Estamos en un punto de inflexión en comparación con las últimas décadas: podemos poner el sistema económico al servicio de los derechos humanos fundamentales, como la salud de los ciudadanos o la educación, al servicio del medio ambiente; en lugar de que sea al revés. ¿Estamos en un estado realmente de ALARMA o estamos en el camino de la ESPERANZA?

Por: José Luis Ortiz