Como seres humanos, lógicamente todos somos aventurados a vivir en cualquier santiamén lo que evoca la índole; hemos sido perfectos decoradores y descubridores de la corrupción maligna, que hoy habita por todos los rincones de la capa terrenal.

Dios cata el corazón de todos; adinerado, pobre, erudito, laico, político, religioso, ateo, blanco, negro… sin importar idioma a todos nos prueba, ante su majestuosidad, humanamente nadie es magno, como algunos millonarios o leídos que en muchas ocasiones humillan al que no posee estos placeres terrenales que son temporales.

Cuantiosas veces las pruebas son múltiples y a veces para toda la población de una nación, las funesta vivencia que vivimos, como un ciclón, tornado o calentamiento global, o terremotos, que dejan muchas pérdidas materiales y por supuesto humanas, por todo esto ante mencionando, nunca podemos imprecar, la guerra que inducen algunos políticos  y terroristas dementes y de cruel corazón, por estos acontecimientos todos debemos unirnos y aplicarles lo que realmente merecen, todos los que avivan violencia…

Lo que dramatiza el hombre tiene solución, la vileza se sigue vitaminado y desarrollando a increíble abundancia, la execración es tan copiosa más que las estrellas de lo alto, y las mismas lágrimas que derrama el cielo.

El dominio de Dios es exorbitante en estilo humano, con un clic, en un segundo puede desaparecer el planeta junto con todo lo que en él habita, el edificador de lo real decide por nuestro respirar, la persona que muere por culpa del hombre, es rechazada en su totalidad, ellos hacen esto para enriquecerse de diferentes formas, son ruina que no dejan que sus semejantes prosperen, como son fieles cobardes asesinan o mandan a liquidar al indefenso.

El maestro y filósofo francés, Víctor Hugo dijo: ‘Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha’.

La Tierra llora por tanta perversidad coexistente, ella llora a través de sus acciones, ante la ojeada humana, es un “desastre catastrófico”, vivimos en una masa de iniquidad que cultivamos diariamente sin tener un fin determinado, estamos en el riesgo de irnos en el próximo suspiro de la Tierra a través de sus movimientos, candentes.

Los fuertes terremotos es muestra breve de su poder, con nada se puede comparar, es señal evidente, para cambiar los protervos sentimientos por los fabulosos que hoy están irrisorios, mientras unos pocos somos autores de la paz la mayoría de personas se inclinan por ser promotores y escultores de malicia, que mala noticia pero real, actualmente circula por todo el circulo terrenal.

Vivimos en alarma activa por los acontecimientos y revelaciones que la tierra nos ha venido sorprendiendo y que últimamente ha dejado en luto y en desgracia a muchas familias del mundo especialmente el año pasado a muchas familias de Puerto Rico con el paso  de ese bravo ciclón y México con el terremoto que sacudió el pasado (19 de setiembre 2017) inesperadamente sorprendió a muchos Mexicanos.

El pasado mes de mayo  muchas familias de Guatemala  vivieron pleno dolor por el respiro profundo del volcán fuego de Guatemala  las vivencias de éstas familias adoloridas que han perdidos a sus seres amados, es insuperable y lamentable, que nuestro redentor les brinde belleza de fortaleza, a todos los que viven sufrimientos, reflexionemos de todo lo que se está viviendo en el planeta, nos hemos destacado a destruir nuestro propio vivir, si todos fuéramos magnífico constructores seguro respiramos días extras en el planeta de la vida…  Tierra.

Por: Carlos Javier Jarquín
Carlos Javier Jarquin
El chico poeta