En el tema de la evolución humana y estudio de las propuestas de Charles Darwin, se tiene que la publicación de sus libros “El origen del Hombre” y “El Origen de las especies” fueron la mecha, que detonó un mare mágnum de controversias. Entonces, no se sabe todavía si en verdad fue por tergiversación de sus propuestas o en cambio por opinión deliberada, que nació el postulado de que el hombre proviene del mono.

De todas maneras la idea o concepto de “mono” para Darwin ya de por sí era vaga, al no poderse dar por sentado a qué se refería, o sea, si correspondería a los antropoides (como seres fósiles) o a los simioides y primates (seres actuales).

Pese a lo anterior, Darwin llegó a saber que, muchas especies en sus primeros estados embrionarios son indiferenciadas al punto que, se debe esperar al desarrollo del feto para distinguirlas mejor, entonces eso demostraría que todas las formas de vida de los animales por lo menos aparecieron a partir de un monofiletismo o un patrón arcaico en la creación de las especies, por eso se aferró a la creencia de que hubo una gran forma básica (quizás una megacélula primitiva) la cual fue la madre de los homínidos, que permitió más adelante evolucionar en el ser humano por un lado, y continuar con los simios por otra parte.

A esto sumó su tesis de la selección natural, la cual de alguna manera permitió la existencia de eslabones intermedios o de enlace (teoría que en la actualidad todavía es objeto de discusión). Entonces la sociedad científica se empezó a cuestionar si de verdad proveníamos del mono al estudiar los raquíticos restos fósiles hallados.
Muchas décadas posteriores a la muerte de Darwin, se descubrieron métodos de laboratorio, con lo cual los científicos se atrevieron a calcular las edades de los fósiles, entre ellos los homínidos o antropoides.

Entonces, se estimó que seres como el Australopithecus vivió en un periodo de 2.000.000 a 400.000 años, el Pitecanthropus de 1.000.000 a 500.000 años, el Sinjanthropus boisei (hombre de Olduvai) hace 1.750.000 años, el Sinjanthropus pekinensis (hombre de Pekín) de 400.000 a 200.000, el Neandertal de 70.000 a 40.000, el Cro Magnon de 40.000 a 10.000 hasta llegar al hombre actual u Homo sapiens.

Actualmente, se sabe que el Neandertal y el Homo sapiens fueron especies distintas pero relativamente contemporáneas, incluso algunas pruebas de laboratorio ya lo demostraron, pero aun es un misterio por qué el Neandertal se extinguió y el Homo Sapiens, no. Ante el hallazgo del Hombre de Denísova, se ha planteado que fue producto de la hibridación de Neanderthales y Homo sapiens, sin embargo, al parecer sería incompatible la supuesta hibridación. Y es que, hace unos años, un grupo de científicos dirigidos por Catherine Hanni, del laboratorio de Paleontología y Evolución Molecular de Lyon, Francia demostraron que, el “hombre de Neandertal” no es la misma “especie” del hombre actual, eso se probó a través de profundos estudios de laboratorio de ADN tomado a restos (no se tiene claro si fue a partir de huesos reales, pues si fue de fósiles es difícil obtener ADN) de una antigüedad cercana a 100 000 años.

Claro, en cuanto a la hibridación de algunos animales, durante mucho tiempo se ha creído que un caballo o yegua son distintas especies con respecto a los asnos, y sin embargo pueden engendrar mulos. Empero, Darwin, en sus libros con gran sinceridad expresó que por algunos momentos, él mismo no entendía si lo que parecía una especie en realidad sería una raza, o viceversa.

No se sabe, hasta dónde podrá llegar la ignorancia de muchos de nosotros, pero al parecer cada especie está determinada por el número cromosómico y el ADN, que según dicen los más avezados científicos es, el verdadero factor que determina la diferencia de cada especie.

Respecto a la posición de Darwin, aun se mantiene la idea de que algunos antropoides se hicieron humanos, pero lo que no contempló tal investigador es que quizás se pudo dar un efecto inverso, donde algunos antropoides tal vez “involucionaron” hacia los monos actuales.

Aun así, los científicos que se sostienen en las teorías de Darwin son muy especulativos, pues se basan antes que todo en simples hallazgos paleontológicos (de sus huesos) en tanto los aspectos antropológicos, fisiológicos y anatómicos aún son pobres o insuficientes como para con ellos decir, que ya se hallaron los verdaderos “eslabones”, que unirían al “mono con el hombre”.

Sin embargo, se puede esperar, que la ciencia del futuro aproveche aún más los avances de la genética del ADN para estudiar, con profundidad a todos los fósiles homínidos. De lograrse eso, se podrían tratar de establecer las relaciones más cercanas, para entender hasta dónde se podrían enlazar los tan buscados eslabones.

Por otra parte, es difícil determinar cuándo esos antropoides se “sintieron y tuvieron” capacidad de autoconciencia lo cual les dio la cualidad de hombres, o será que ¿cuándo el simio rezó a Dios se hizo hombre?, cosa que en realidad parece ilógica, en cambio hemos de creer que por un acto milagroso dirigido por Dios (que las ciencias “mesurables” nunca entenderán) el ser humano fue hecho a su “imagen y semejanza” y de una forma directa.
Prosiguiendo con el quehacer evolucionista, se puede abordar la labor de Pierre Lecomte du Noüy (1883-1947) destacado científico francés. Así pues, sus aportes sobre los conceptos de la evolución de las cosas, los plasmó en su libro “El destino humano” en el que dio importantes planteamientos que enlazan los aspectos de la fe, la filosofía, psicología, los instintos y muchos asuntos interdisciplinarios.

Pero lo más destacable, de las propuestas de Lecomte du Noüy, es que coincidió en mucho con Teilhard de Chardin, pues el primero enfatizó que lo más importante era la telefinidad de las cosas, en tanto el segundo estudioso expuso casi lo mismo pero englobado en una idea de Noosfera (concepto derivado de la raíz griega Nous) o zona de trascendencia del conocimiento humano.

Antes de concluir, y en vista de tanta polémica que a menudo se da en el evolucionismo, ya es momento de advertir que imperan dos corrientes, la que no plantea abiertamente que una evolución deísta supone que Dios lo creó todo, pero dejó a la Creación, incluido el ser humano, a merced de los caprichos o azares, que la misma naturaleza quiera operar (por accidentalismo). Entonces, esa corriente anterior debiera llamarse evolucionismo deísta, luego la otra corriente sería la teísta, que plantea un evolucionismo siempre dirigido por Dios (esta idea es a menudo defendida por el teilhardismo). Pero quizás lo más digno de mencionar es que, la mayoría de los que defienden el darwinismo, no se atreven a definir o aclarar si Darwin de verdad consideró que, el ser humano es resultado directo de los homínidos y si los asuntos de la fe, contradicen abiertamente a las ciencias relativamente exactas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez 
Escritor, investigador y comentarista de temas cotidianos

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