Fuentes oficiales y científicos locales han confirmado que el devastador tsunami que el pasado sábado dejó al menos 373 muertos y más de 1.400 heridos en Indonesia fue desencadenado por la caída al océano de un gran trozo del volcán Anak Krakatoa (traducido del indonesio como “Hijo del Krakatoa”), causando una coalición que conllevo a la tragedia.

Dwikorita Karnawati, jefa de la Agencia Meteorológica, ha explicado que el volcán llevaba meses arrojando ceniza y lava y que una sección de unas 64 hectáreas (0,64 kilómetros cuadrados) del lado sudoeste del volcán se derrumbó el sábado, “causando un deslizamiento de tierra bajo el agua” y por consiguiente tsunami mortal.

Cuando esa tierra cae en el océano, desplaza la superficie del océano y causa el desplazamiento vertical, que provoca el tsunami”, explica Sam Taylor-Offord, sismólogo de GNS Science en Wellington (Nueva Zelanda).

Según los científicos, las imágenes captadas por el satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea corroboraron que una gran parte del flanco sur del volcán se deslizó hacia el océano. El hecho de que el tsunami fuera provocado por un volcán, y no por un terremoto, podría ser la razón por la cual no se activó una alerta de tsunami.

Jose Borrero, experto en ingeniería costera especializado en los riesgos de tsunamis en eCoast Marine Consulting, indica que los tsunamis volcánicos generados por deslizamientos de tierra son más enigmáticos que los provocados por los terremotos, que están mejor estudiados. “En Indonesia todos esperábamos otro gran tsunami provocado por el terremoto y luego -boom- aquí tenemos uno causado por el derrumbe volcánico”, señala Borrero.

No obstante, a raíz del tsunami ha trascendido que el sistema de detección temprana de tsunamis de Indonesia no funciona a pleno rendimiento desde hace seis años. Desde el año 2012, la boya de aguas profundas de detección temprana, uno de los elementos clave del sistema de alerta, no funciona a causa de una financiación deficitaria, indicaron las autoridades.