¡Del 27 de septiembre al 30 de octubre el Museo de Arte Moderno de Cartagena acogerá la muestra Ábrete Carne!, de la artista Cartagenera Martha Amorocho, ganadora de la Beca para Exposiciones Individuales, Zona Caribe otorgada por el Ministerio de la Cultura. A través de su lenguaje fotográfico, la artista indaga sobre las representaciones del cuerpo frente a los traumatismos engendrados por la violencia sexual.

En sus creaciones, Amorocho utiliza la imagen de su propio cuerpo como lugar de expresión con el objetivo de convocar visualmente aquello que se vuelve indecible para luego insertarlo en el espacio social. El espectador encontrará en esta exposición diversos aspectos, sensaciones, emociones y sentimientos que atañen este inefable originado por la violación. Las fotografías a fuerte impacto que Amorocho nos da a ver describen figuras borradas que se advierten en la vergüenza, vestidos protectores para paliar el miedo, retratos-efigies que revelan discretamente la abyección, un cuerpo evaporándose en una explosión, etc. Se trata de puestas en imagen ficcionales con las que la artista busca articular espacios de reflexión que permitan considerar seriamente la gravedad de este tipo de agresiones; agresiones que son aún hoy en día ampliamente banalizadas en nuestro contexto social.

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La exploración artística que Amorocho lleva a cabo mezclando texturas picturales con fotografías hace parte de una investigación teórico-creativa publicada recientemente por Apidama Ediciones bajo el título Hasta los confines de la carne. La curaduría propuesta para esta exposición sigue estrechamente la estructura articulada en el texto, estableciendo vínculos entre arte, cuerpo, violación y trauma. Así, excavando en lo vivo de los registros mnémicos se delinea un recorrido en tres etapas: “Carne que te quiero carne” pone en relieve temáticas donde el ser se experimenta en la vergüenza, el miedo y la abyección, como resultado de la mácula incrustada luego de la violación.

Se trata de aprehender las fuerzas en transformación alojadas en las representaciones psíquicas cuando los límites del yo son transgredidos. Seguidamente, del cuerpo manchado e ignominioso, nos desplazamos hacia el cuerpo abierto por sus heridas. Estas puestas en imagen funcionan en resonancia a una identidad quebrantada. Para concluir la primera parte, pasamos de la apertura al cierre de la envoltura corporal: piel-corteza y auto-protecciones son las encarnaciones imaginarias que aquí toman lugar. Nos encontramos así en presencia del sujeto plegado en sí mismo, voluntaria o involuntariamente recluido en su caparazón, integrado en el seno de una memoria muerta.

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Trazamos desde allí “Otras fronteras” donde se introducen cuestionamientos como la obsesión, o que se acercan al engranaje subterráneo de la memoria traumática. En esta segunda sección, nos centramos en la fragilidad de la memoria fragmentada y en el deseo persistente de desaparecer de sí mismo: cuerpos invadidos por sus sensaciones iterativas y cuerpos despojos tomarán aquí lugar. Sin embargo, para no obliterarse completamente, el ser sé (re)inventa sin cesar afirmando de esta manera su retorno al mundo; y lo hace a través de la creación de “Cuerpos ficcionales”. Encontraremos en esta última parte representaciones del Memento mori a partir de donde, la posibilidad de un renacimiento toma finalmente forma. La figura de la crisálida, del monstruo, del doble y sus representantes psíquicos son llevados entonces a primer plano.

Abrir la carne implica, en cierta medida, pensar los estados psíquicos interiores construyendo universos exteriores donde la palabra se libera. Y la palabra tonificada es esa urdimbre de significaciones que nos permiten avanzar hacia la construcción de espacios combativos contra la violencia de género.