El nuevo informe de WWF destaca la existencia de un descenso del 58% en la abundancia de más de 3.706 especies animales desde 1970, lo que refuerza el temor de que la humanidad esté provocando una sexta extinción en masa.

La culpa es del hombre

Las raíces de este temor se remontan a más de un siglo, cuando una serie de extinciones proporcionó evidencias incontrovertibles de que las acciones humanas podrían acabar con otras formas de vida. Estas extinciones tuvieron una profunda influencia y por ello y desde entonces, se ha puesto énfasis en la conservación. Lo que es menos apreciado es que el uso contemporáneo del término extinción abarca una amplia variedad de significados y aplicaciones, cada uno con un papel distinto en la defensa de la conservación. Es importante conocer los diferentes tipos de “extinciones” para entender mejor el poder retórico de cada término.

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Extinción

La verdadera extinción según la definición de la UICN es cuando; “no hay ninguna duda razonable de que el último individuo de la especie en cuestión ha muerto”. Esta categoría incluye muchas especies icónicas como el dodo (Raphus cucullatus), el bucardo (Capra pirenaica) y la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas). Aquí, la extinción sólo se refiere a especies que conocemos y de las que contamos con pruebas irrefutables de que han desaparecido.

Extinción ecológica

La extinción ecológica se refiere a la que sufre una especie que sólo sobrevive en zoológicos y colecciones privadas. El Orix cuernos de cimitarra (Oryx dammah), el cuervo hawaiano (Corvus hawaiiensis) y el Mitu Mitu (Alagoas currassow) están clasificados por la UICN como “extintos en la naturaleza”.

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Extinción local

La extinción local se refiere a cuándo una especie ha sido exterminada en una parte de su área de distribución. El castor europeo (Castor fiber) es un buen ejemplo de ello ya que fue perseguido y cazado hasta la extinción en el Reino Unido, pero sobrevive en otros lugares del mundo.

Extinciones de Darwin

También hay casos en los que ciertas especies que son erróneamente clasificadas como extintas debido a nuestra ignorancia de dónde viven realmente, es decir, especies que están “perdidas” en lugar de extintas. El ejemplo más famoso de las “extinciones de Darwin” es la del celacanto (Latimeria chalumnae), que fue clasificado como un pez fósil extinto hasta que un espécimen vivo fue encontrado en 1938 frente a la costa sudafricana. Estos redescubrimientos son una fuente continua de esperanza para las personas que tratan de encontrar animales como el tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus) dado por extinto en 1936 o el ciervo Milú (Elaphurus davidianus) extinto en estado silvestre.

El tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus)
El tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus)

Extinciones linneanas

Denominadas así en honor a Carl Linnaeus que inventó el sistema de nombres científicos o taxonomización, son las que implican una gran discrepancia entre el número de especies descritas en un lugar y el número probable real. Aquí, las extinciones se extrapolan debido a la tasa de pérdida de hábitat de especies conocidas y de otras no descubiertas. Este tipo de extinción sustenta estimaciones ampliamente utilizadas de miles de extinciones por año.

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Extinciones de Lázarus

Se refieren a aquellos casos en los que todavía hay esperanza de “resurrección” porque el ADN de las especies extintas vive en razas domésticas, por lo que se espera poder conseguir recuperarlos a través de la reproducción. La des-domesticación es un componente de la reestructuración europea. En los Países Bajos, Portugal, España, Croacia, la República Checa y Rumanía se están estableciendo manadas de ganado salvaje parecidas en apariencia y ecología al uro o Aurochs (Bos primigenius), el ancestro del ganado doméstico, que se extinguió en el siglo XVII. Estrechamente relacionado con las extinciones de Lazarus está el concepto de la desextinción, que se basa en que los avances en la biología sintética eventualmente nos permitirán extraer el ADN de los restos preservados de las especies extintas e insertarlos en los huevos de los animales de sustitución.

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¿Ya no nos importan?

“La extinción es para siempre” fue un grito de aliento del movimiento de conservación durante los años sesenta y setenta. Las imágenes de gorilas, tigres y rinocerontes hicieron que la extinción se sintiera como algo real y significativo e hizo que la gente recordase y el sentido de pérdida colectiva. Pero desde la década de 1990, la retórica de la conservación se ha centrado en las extinciones de Linnaean a escala planetaria. Y como ocurren casi 26.000 cada año, han dejado de ser noticia, pero no por ello cesan.

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Puede ser necesario un nuevo enfoque diferentes y más realista que repersonalice la extinción y equilibre las historias de pérdidas con visos de esperanza. Esto podría lograrse poniendo de manifiesto las extinciones locales y de Lazarus que son capaces de ser revertidas y detenidas.

Es fundamental hacer coincidir los informes de las alarmantes disminuciones en las especies con otros que analicen los lugares donde dichas poblaciones pueden ser restauradas con el fin de que no desaparezcan y recuperen su hábitat natural.

La idea de que la “extinción” es en algunos casos reversible ciertamente apoya la nueva práctica de restauración del ecosistema. La verdadera conservación es recuperar la iniciativa necesaria para proteger lo que queda y restaurar lo que se pierde.