Federer, otra vez campeón de un Grand Slam. Con 35 años el suizo amplió su lista de “Grandes” hasta los 18 a costa de Nadal, que volvió a jugar una final admirable. Si Roger está de vuelta, el español también. Y eso es lo mejor de un torneo que ha permitido rescatar a los dos más grandes este siglo. Federer venció en 3 horas y 38 minutos por 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3. Rafa estuvo cerca, muy cerca de conquistar su décimo quinto “Grand Slam”. Sólo la mejor versión del que fue número uno del mundo superó a Nadal.

La brújula de Federer marcó el primer set. Un intercambio en el segundo juego fue la excepción. No hubo más, todo fueron puntos vertiginosos y eso beneficiaba al suizo. A Roger no le quedaba otra que recortar los puntos, cuantas menos veces pasara la bola por encima de la red, mejor. Hasta el sexto juego la final estuvo marcada por los servicios. En el séptimo llegó la oportunidad para Federer y aprovechó la única bola de “break”. Se metió más en la pista, encontró golpes ganadores con una frecuencia asombrosa y en poco más de media hora cogió las riendas del partido por 6-4.

Una de las muchas virtudes de Rafa es su capacidad para interpretar los partidos. Es capaz de descifrar los jeroglíficos más complicados y el reto después de la primera manga era mayúsculo. Federer se sentía cómodo, había recortado la pista, los puntos se desarrollaban a su antojo… dominaba. Nadal se reinventó. Empezó a desplazar al suizo, abrió ángulos y la vida se le complicó. Un “break” en la primera oportunidad, dos bolas de rotura salvadas en el siguiente juego y otro “break” para encarrilar el set. Cuatro juegos consecutivos devolvieron a la final al punto de partida..

La duda es si a Federer le traicionaría la memoria. Si sería capaz de aguantar mentalmente a Nadal, si no flaqueaba como sucedió tantas veces en anteriores duelos directos. Rafa se ganó tres bolas de “break” en el primer juego, pero… el servicio salvó al suizo. Fue la catapulta que necesitaba para volver a creer y recuperar la dinámica que había mostrado en el primer set. Para desgracia del español, apareció el jugador de los golpes geniales. Aprovechó la ocasión de ruptura que tuvo en el segundo juego y tomó carrerilla. En sólo tres juegos acumuló diez golpes ganadores y de muchas facturas diferentes. Hubo saques, voleas, reveses, derechas… La tormenta perfecta de Federer culminó con un nuevo “break” que situó a Nadal al borde del abismo.

Rafa necesitaba poco menos que su enésimo milagro. Y como si el set anterior no hubiera existido fue capaz de resetearse y volvió a mover al suizo. Recuperó la agresividad y eso provocó que el rival dejase de inventarse golpes magistrales. Llegó el “break” en el cuarto juego y abocó el duelo al quinto set.

La igualdad era tal que se llegó a la quinta manga con el mismo número de puntos ganados, 110. La final no era espesa, después de poco más de dos horas y media de partido llegaba el quinto set. Y a priori, a estas alturas si hay un jugador capaz de responder al desafío es Rafa Nadal. Lo ratificó con un “break” de salida, salvó tres bolas de ruptura en el segund y una más en el cuarto. Con 3-1 y el set encarrilado, Federer resucitó. En la sexta bola de “break” que tuvo cambió definitivamente el rumbo de la final. Igualó a tres y volvió a tomar carrerilla. El octavo juego resultó dramático. Rafa levanto cuatro bolas de “break”. A la quinta, con un resto imposible, Roger logró la ruptura definitiva. El décimo octavo Grand Slam era suyo, aunque el punto definitivo llegase “gracias” al Ojo de Halcón.


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