El 5 de junio se celebra el 120 aniversario del nacimiento del escritor, poeta y dramaturgo español Federico García Lorca. Nació un 5 de junio, 1898, en el pueblo de Fuente Vaqueros, cerca de Granada. Junto con el chileno Neruda, Lorca es sin duda uno de los mayores poetas del mundo hispano del siglo XX.

Su joven vida fue truncada el 18 de agosto de 1936 cuando cayó fusilado a los 38 años de edad. Eran tiempos de guerra civil, de bandos ideológicos que hacen perder la cabeza a los seres humanos y les conducen a perpetrar actos deplorables.

Ocho décadas después su espíritu sigue vivo más que nunca y perduran ciertas frases suyas que parecen estar escritas en los pasillos de la memoria colectiva. Frases como: “Un muerto en España está más vivo como muerto que en ningún sitio del mundo” o “Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.”

En 1919, con 21 años deja Granada y se muda a la Residencia de Estudiantes, en Madrid, una prestigiosa y progresista residencia para hombres que será su casa por una década. Allí conoce personajes históricos como Luis Buñuel (director de cine), Juan Ramón Jiménez (poeta, premio Nobel Literatura 1956), Rafael Alberti (poeta), Jorge Guillén (poeta, crítico literario), Pedro Salinas (poeta, escritor), Severo Ochoa (científico, premio Nobel 1959), Salvador Dalí (pintor, artista). Por esa notable institución también dan conferencias mentes prodigiosas como Albert Einstein, Marie Curie, John M. Keynes, Le Corbusier, Igor Stravinsky, entre muchos otros.

Además, habiendo estudiado piano, Lorca siempre mantuvo vivo su interés por la música y cultivó amistades con Manuel Falla (compositor) y con varios otros músicos y compositores. De hecho, en origen Lorca quiso dedicarse a la música y reconocía que “con las palabras se dicen cosas humanas, con la música se expresa eso que nadie conoce ni lo puede definir”; sin embargo, su familia quería que estudiara derecho, algo que hizo por cumplir expediente en la Universidad de Granada en 1923.

Las nanas y la música popular, aquella de los campesinos granadinos, le fascinó como el mismo relata: “Hace unos años… oí cantar una mujer del pueblo mientras dormía a su niño. Siempre había notado la aguda tristeza de las canciones de cuna de nuestro país; pero nunca como entonces sentí esta verdad tan concreta. Al acercarme a la cantora para anotar la canción observé que era una andaluza muy bella, alegre sin el menor tic de melancolía, pero una tradición viva obraba en ella y ejecutaba el mandato fielmente, como si escuchara las viejas voces imperiosas que patinaban por su sangre. Desde entonces he procurado recoger canciones de cuna de todos los sitios de España; quise saber de qué modo dormían a sus hijos las mujeres de mi país, y al cabo de un tiempo recibí la impresión de que España usa sus melodías para teñir el primer sueño de sus niños. No se trata de un modelo o de una canción aislada en una región, no; todas la regiones acentúan sus caracteres poéticos y su fondo de tristeza en esta clase de cantos, desde Asturias y Galicia hasta Andalucía y Murcia, pasando por el azafrán (zona de Toledo, la Mancha) y el modo yacente de Castilla”.

En 1929 tuvo oportunidad de visitar al Nuevo Mundo: Nueva York y La Habana le recibieron con cariño. En 1933 pasó seis meses en Buenos Aires donde dirigió su obra teatral “Bodas de Sangre” recogiendo un gran éxito popular al igual que lograba su independencia económica.

De vuelta en España en 1934 logró mantenerse muy activo y prolífico, completando varias obras teatrales y poéticas, dando recitales y conferencias. Pero el fin estaba cantado, él mismo lo intuía. Como buena parte del siglo XX, el país estaba incendiado de ideas de derechas y de izquierdas. Los embajadores de Colombia y México le ofrecieron ir al exilio pero Lorca no aceptó.

“Pero que todos sepan que no he muerto;
que hay un establo de oro en mis labios;
que soy el pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.”

Militares falangistas lo detuvieron el 16 de agosto de 1938 en Granada en casa de su amigo, el poeta Luis Rosales, donde se había refugiado. Antes de ser justiciado, fue interrogado sobre sus preferencias políticas a lo que el manifestó no pertenecer a ninguna fuerza política y sentirse al mismo tiempo “católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”. Con esa sensibilidad profunda que lo caracterizaba afirmaba ser “español integral”, íntimamente ligado en cuerpo y alma a su tierra, pero rechazaba el nacionalismo ciego y violento de aquellos que dicen amar a su patria “con una venda en los ojos”.

De hecho, en esos tiempos tan convulsos y traicioneros Lorca nunca se distanció de sus amigos por razones políticas. Una de sus frases más conocidas es: “En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida” y, en efecto, en su modo totalmente libre Lorca continuaba a salir con amigos “en un taxi con las cortinillas bajadas” porque a ninguno de los ocupantes del taxi les convenía ser vistos juntos.

Verdaderamente notable es la sensibilidad que Lorca expresa por su propio país, sus músicas, sus obras, sus gentes. Quizás sea, junto con su talento musical-poético, la característica esencial que lo eleva al pedestal de hombre y poeta universal.

Por eso su obra sigue cautivando la admiración del mundo entero, no solo del mundo hispano parlante. En tiempos recientes muchos le han dedicado homenajes. En 1996 el director de cine Marcos Zurinaga le dedicó la película “Muerte en Granada” protagonizada por el actor cubano-americano Andy García. El poeta/cantante folk canadiense Leonard Cohen siempre declaró su admiración por el poeta andaluz. La directora de cine española Paula Ortiz adaptó la famosa obra “Bodas De Sangre” en su película “La Novia”, en 2015, film que obtuvo varios premios y reconocimientos críticos.

Significativamente, el cuerpo de Lorca nunca ha sido encontrado, aún anda perdido en una de las miles de fosas que acunan las victimas de esos años de despiadada intolerancia; sin embargo, en sus mismas palabras, su epitafio podría ser: “Pero que todos sepan que no he muerto; que hay un establo de oro en mis labios; que soy el pequeño amigo del viento oeste; que soy la sombra inmensa de mis lágrimas”.

Por: Nereyda Guerrero De Manderioli
Nereyda-Guerrero-De-Manderioli-1.jpg