El 31 de diciembre siempre es un día de reflexión y balance. 2020 se acaba, amigos. Y, seamos sinceros, estamos dando saltos de emoción por cerrar por fin un año lleno de sinsabores. Sabemos con certeza que la mala racha de noticias no pasará, pero vamos a poner todo nuestro empeño en hacer que sea más llevadera.

Si estás leyendo esto… felicidades, estás vivo. Si eso no es algo con lo cual sonreír durante una pandemia, entonces no sé qué lo es. Vamos pues, a intentar que este encuentro familiar de hoy, final de año y comienzo de uno nuevo, sea un motivo más para animarnos a expresarles el amor a los seres queridos por ser parte de nuestra inmensa fortuna, celebremos más que nunca el hecho de estar vivos, el que se haya ido este año al que no le importo nada.

Ahora ya sabemos lo que el tiempo vale, lo que representa la vida, la salud, lo que significa abrir los ojos cada mañana, compartir la mesa con lo mejor de la familia, viajar a nuevos lugares, recordarlos, contarlo y por supuesto muchas otras pequeñas cosas que, solo ahora después de caminar en tiempo de prueba, sabemos que eran las más grandes y sublimes.

Aquellos que dijeron que este sería el año para ampliar nuestra visión, tenían razón, este año pudimos ver claramente con quien se puede contar, quienes son los familiares, amigos y vecinos reales, aquellos que se acercaron para saber cómo nos fue, que necesitábamos.

Pudimos en la tormenta identificar personas extraordinarias haciendo cosas ordinarias, que caminaron con nosotros entre risas y llanto, entendimos que la vida es muy corta para malgastarla con personas ingratas, que no se molestaron en enviar un mensaje o en hacernos una simple pero valiosa llamada para saber cómo estábamos atravesando la pandemia, si estábamos faltos de algo, en el momento más difícil de nuestra generación.

Este 2020 se llevó a muchos de nuestros amigos, seres queridos y allegados, nos mostró la fragilidad de nuestra existencia, pero también trajo alegrías y nuevas vidas que nos llenan con algo de paz y felicidad. Nos embarcó en un viaje que no habíamos planeado rumbo a un futuro jamás imaginado. Dejamos atrás un año muy difícil, marcado en casi todos sus aspectos por el coronavirus. Una pandemia que puso en jaque nuestras vidas y lo cambio todo. Estar encerrados en casa durante meses, miles de vidas perdidas, dejar de ver a nuestros familiares y amigos, la soledad, la incertidumbre, el miedo, pero también, muchas enseñanzas aprendidas, por lo que debemos sentirnos orgullosos de haber culminado un año más, que nos deja entre muchas, una importante lección: la buena salud es nuestra mayor posesión, la alegría el mayor tesoro, la confianza nuestro mejor amigo.

El coronavirus y todo su entorno pandémico, pero también “plandemic”, no se va a marchar con la llegada del Año Nuevo. De hecho, por delante nos quedan muchos más, meses y pruebas difíciles, pero queremos aportarle un toque de esperanza e ilusión al 2021, porque nos tocó aprender a bailar bajo la lluvia mientras va pasando la tormenta, reflejada en una economía colapsada por un afán de la nueva y violenta agenda mundial que está tomando decisiones sobre nuestra salud, vida y finanzas, que abusa y controla todo para torcer el mundo a su antojo tras una cortina de humo originada por la corrupción de dirigentes, medios de comunicación, organizaciones, farmacéuticas, empresas de tecnología, etc., en favor de poderes ocultos. Por lo que se hace OBLIGATORIO luchar con dignidad para salvaguardar nuestra salud, nuestras vidas, nuestras libertades y derechos que han sido coartados.

Es una invitación para el 2021, a estar muy BIEN INFORMADOS pero mucho ojo con los medios de comunicación al servicio del poder que se han encargado de infundir miedo, de arrinconar a la población al estar muy dedicados a entregar cifras de positivos y muertes, por lo que se hace fundamental la formación de ciudadanos ávidos de información, pero también analíticos y críticos, capaces de interrogar, analizar, interpretar, confrontar, participar y discernir los mensajes enviados desde los diferentes medios para la acertada toma de decisiones que comprometerán su salud física, mental, finanzas, y hasta su vida.

Quisiera decirles que les deseo 12 meses de prosperidad, 52 semanas de alegría y 365 días de éxito, que pueden entusiasmarse con el 2021, siendo realistas, no tiene pinta que el 2021 vaya a empezar con mejores noticias, pero tenemos confianza que haya pronto un tratamiento efectivo comprobado para el coronavirus y podamos poco a poco ir recuperando todo lo que el enemigo nos arrebató en este año. Sea entonces un tiempo propicio para elevar los ojos al cielo con oración y ruego, presentando nuestras peticiones al Todopoderoso para que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuide nuestros pensamientos.

Reclamemos el cumplimiento de sus promesas bíblicas y confesemos con nuestra boca: Señor de Señores, gracias por tenernos aquí reunidos en familia esta noche, y disfrutar de tu misericordia, nuestra gratitud por animarnos en este mundo de tinieblas, por guiar nuestra mente para que por nada estemos afanosos, angustiados, por iluminar con tus palabras nuestro confuso entendimiento. Que, en este nuevo año, se convierta nuestro lamento en alegría, cada lagrima en sonrisa, Que este sea el año de la buena voluntad de Dios para nuestras vidas en todo lo que emprendamos, que todo territorio que pise la planta de nuestro pie, lo conquistemos. Por favor cuídense mucho, quiero volver a verles en el 2021. ¡Feliz año nuevo! Porque al 2020 no le importo nada.

Por: Carlos Alberto Arias Baquero
Formulador de proyectos con especialización en análisis empresarial
Escritor, conferencista, líder social 
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