Diciembre es como el domingo del año, pero este diciembre parece el domingo del siglo ya que ha sido un año largo, en el que hemos tenido que aprender cosas nuevas haciéndonos fuertes. Aunque ha sido un tiempo de aislamiento, estuvimos como familia más cerca que nunca. Hemos tenido miedo, angustia, dolor, incertidumbre. Permanecimos perplejos, incrédulos, asustados, llorando en silencio, trabajando y celebrando en la virtualidad, y pese a que los vientos de la vida estén soplando muy fuerte, y no haya árbol que el viento no haya movido, resistiremos erguidos para seguir viviendo y jamás rendirnos, siendo como la espiga ante la tormenta, aunque se doble, una vez este pase, vuelve a su lugar.
Si bien, no escogemos los momentos difíciles, Dios nos prueba a través de las adversidades que permite en esta contingencia para saber de qué estamos hechos, qué tan fuerte somos, cuando ser fuerte es la única opción. Dios es más grande que los problemas, que la enfermedad, que la dolencia, así que, a mantener en su punto más alto, la fe y el deseo por vivir con dignidad y templanza. Oremos como familia para que la tristeza se vaya de nuestras vidas y se alojen sentimientos gratos pues nunca nos pasó tanto en tan poco tiempo. ¡Y aquí estamos!!!!Por ello, toda la honra y la gloria para el rey de reyes y señor de señores.

Es diciembre y tenemos derecho a encontrarnos virtualmente, incluso a hacerlo de manera personal con las debidas medidas de bioseguridad, a emocionarnos, a pedir perdón, a llorar si ello nos hace sentir mejor, a abrazarnos en silencio por tantos apretones que no nos dimos, a besarnos con el alma, a acariciarnos con las miradas, a decirnos con palabras lo que nunca nos hemos dicho. Este año nos ha hecho despertar, ser solidarios, nos ha convertido en mejores seres humanos. Saquemos tiempo de calidad para llamar a nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de luchas, ya que no podemos visitarlos en sus casas, así, ellos no llamen; si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué hacen de extraordinario? seamos pues gratos con los ingratos, porque si alguno dice: Yo amo a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto, dice la biblia en su palabra.

Que este encuentro familiar de hoy en la fiesta más celebrada en el mundo sea un motivo más para animarnos a expresarles el amor a los seres queridos. La navidad no es una fecha, es un sentimiento por lo que aprovechemos el momento para pedir perdón al familiar con el que hemos tenido malos entendidos, entendiendo que el perdón no es una opción sino la mejor decisión que podemos tomar, además trae sanidad interior. Vamos pues, a celebrar más que nunca el estar vivos. Porque ahora sabemos lo que el tiempo vale, lo que representa la salud, lo que significa abrir los ojos cada mañana, compartir el pan con la familia, viajar y reír en momentos de parentela. Esta nueva realidad, con todos los retos que nos ha puesto y con todos los que sabemos vendrán en el nuevo año nos necesita unidos, despiertos para seguir avanzando, para amar la vida y la libertad más que nunca, ya que somos sobrevivientes de un tiempo que nos estalló en la cara, del tiempo más difícil que la humanidad haya tenido que afrontar.

GRACIAS, la más hermosa palabra que podemos usar en esta celebración; gratitud porque en el año de la muerte, aún estamos vivos, porque en el año de la enfermedad, aún estamos dando testimonio, porque en el año de la escasez hemos tenido un pan en la mesa, porque en el año de las grandes caídas estamos de pie, porque en el año de los desastres tenemos un techo en donde estar protegidos y cuando todo el mundo parece andar a la deriva con la embarcación a punto de encallar, nuestra pequeña barca sigue a flote, no se ha hundido, y no ha sido por nuestras fuerzas sino por las fuerzas y la gracia de Dios. Gracias Padre amado por lo que nos has dado, nos das y nos darás en esta celebración y en el año por venir. Sea lo que sea, entenderemos tu voluntad como algo agradable y perfecto que no añade tristezas a nuestro corazón. Señor ponemos nuestras vidas, sueños, proyectos, peticiones, metas, nuestro dolor delante de ti sabiendo que tú eres quien tiene cuidado especial de nosotros.

Finalmente, coloca tu mano derecha sobre tu hombro izquierdo y tu mano izquierda sobre tu hombro derecho, acabas de recibir un abrazo a la distancia. ¡Feliz Navidad! Levantemos la copa con moringa y celebremos esta bendita fecha que une al mundo en una conspiración de amor, que no solo trae regocijo sino reflexión. No te preocupes, me puse el tapabocas y lavé las manos antes de escribir y enviarte este mensaje. Por favor cuídate quiero volver a verte en el 2021. ¡Feliz Navidad¡

Por: Carlos Alberto Arias Baquero
Formulador de Proyectos con especialización en análisis empresarial, escritor, conferencista, líder social.