Es diciembre y tenemos derecho a emocionarnos, a pedir perdón, a llorar si ello nos hace sentir mejor, a abrazarnos en silencio por tantos apretones que no nos dimos, a besarnos con el alma, a acariciarnos con las miradas, a decirnos con palabras lo que nunca nos hemos dicho.

Así como Jesús se despojó de su condición divina para volverla humana, en esta celebración de navidad nos invita a que nos despojemos del orgullo, de la ira, de la soberbia, de la prepotencia, del odio, de la autosuficiencia, de los gritos, de la ofensa, el chisme y la murmuración. Es tiempo de reunirnos todos en familia para agradecer y hacer una oración en familia que parta desde lo más profundo de nuestro corazón invitando a Jesús a entrar a cada una de las areas de nuestras vidas, y a que se convierta en el invitado especial de esta celebración. Es tiempo propicio para que como familia vivamos una experiencia plena de amor y unión familiar y que ese divino niño salvador nuestro venga para enseñarnos la prudencia que nos hace verdaderos sabios.

Que este encuentro familiar de hoy en navidad, la fiesta más celebrada en el mundo sea un motivo más para animarnos a expresarles el amor a nuestros seres queridos. La navidad no es una fecha, es un sentimiento por lo que, aprovechemos el momento para pedir perdón al familiar o vecino con el que hemos tenido diferencias, comprendiendo que el perdón no es una opción sino la mejor decisión que podemos tomar. Vamos pues, a celebrar más que nunca el estar vivos porque ahora entendemos lo que el tiempo vale, lo que representa la salud, lo que significa abrir los ojos cada mañana, compartir el pan con la familia, viajar y disfrutar de gratos y bellos momentos que siempre guardamos como un especial tesoro

Demos gracias al Todopoderoso por permitirnos estar hoy en esta celebración y que en esta navidad se convierta cada deseo en flor, cada dolor en estrella, cada lagrima en sonrisa, cada corazón en una dulce morada y que unas lluvias de bendiciones sean derramadas sobre cada una de las personas que Él nos entregó como familia. Agradezcamos por tenernos reunidos esta noche, por compartir este año más de vida, por animar e iluminar nuestro confuso entendimiento con su palabra. GRACIAS, la más hermosa palabra que podemos usar en esta celebración; extendiendo nuestra gratitud porque aún estamos vivos, porque aún estamos dando testimonio, porque hemos tenido un pan en la mesa, porque tenemos un techo en donde estar protegidos. Gracias Padre amado por lo que nos has dado y nos darás en esta celebración y en el año por venir. Celebremos pues esta bendita fecha que une al mundo en una conspiración de amor, que no solo trae regocijo sino compasión y solidaridad.

Es Navidad una bonita oportunidad para recordar y regresar a la época en la que el mundo podía echarse a andar con sólo enroscar la cuerda de un trompo, con halar un carrito de juguete, con montar en un triciclo muy tieso y muy majo, aunque nuestros vecinos hicieran alarde de sus juguetes importados enviados por un familiar en el extranjero. Es Navidad un tiempo propicio para recordar lo felices que éramos a pesar de y de lo felices que continuamos siendo a pesar de. Es navidad el momento en el cual entendemos la condición humana y familiar compartida con amor, devoción y alegría por reencontrarnos.

Traigo a memoria cuando era joven y en tiempos como estos de navidad, les preguntaba a mis seres queridos que querían de regalo y ellos decían: “salud y que no falte nadie el próximo año en la mesa” y yo les decía: no, un regalo de verdad. Hoy me doy cuenta de la razón que tenían pues los regalos bajo el árbol no son nada, si las sillas están vacías. Sea esta la oportunidad para elevar este homenaje para los que se nos adelantaron y nos arrugaron el alma.

Mi sentimiento de gratitud por el interés y el tiempo que algunos apartaron para leer algunas de mis columnas de opinión durante este año. Mis mejores deseos para que disfruten de una feliz navidad y un próspero año nuevo. ¡Salud y que no falte nadie el próximo año en la mesa!

Por Carlos Alberto Arias Baquero