Ramilletes negros y sombríos,
de sueños marchitos y extintos,
que esparcen su pútrido aroma
sobre los anaqueles del olvido.

Ramilletes lúgubres, que florecieron
ante la pérdida de un ser querido,
y hoy se ocultan en el recóndito
laberinto de un alma triste.

Semillas que surgen de repente,
y le aúllan a la soledad y a la muerte,
en las noches silentes de plenilunio.

Flores lúgubres y sombrías, bañadas
con el rocío de mis ojos tristes,
cristales de absenta, servidos
en las copas rotas ¡del desencanto!

Por: Rossi Er