En las formas de pensamiento humano existen distintas influencias y voluntades, por eso se puede saber que algunas inspiraciones son de iluminación divina, otras provienen de deseos o criterios puramente humanos y no faltan los pensamientos sugeridos, por las tentaciones diabólicas.

San Pablo en sus escrituras muchas veces aclaró que muchos de sus consejos eran cosa de él mismo, empero en un contexto global bíblico se debe entender, que la Santa Biblia es de inspiración divina, pues Dios es quien indujo a los autores de los libros contenidos a escribirlos, además contienen un profundo sentido teológico.

Los compiladores de los cánones bíblicos (colección de los libros sagrados) si bien han discrepado al momento de incluir tales o cuales lecturas, en un sentido general han tratado de formar la Biblia, entonces en este caso ha sido producto de la voluntad de origen divino o en función de un plan que ha tenido Dios. Luego, la voluntad humana ha realizado varios cánones (el judío, el cristiano y el alejandrino). San Agustín, reconocido doctor de la Iglesia muchas veces en sus monólogos advirtió su temor, de escribir cosas que pudieran ser solo de su propio antojo y no de inspiración divina.

Es más en el libro 10, Capítulo 35, punto 54, de Las Confesiones, Agustín expresó: “A esto añádase otra manera de tentación, cien veces más peligrosa. Porque, además de la concupiscencia de la carne, que radica en la delectación de todos los sentidos y voluptuosidades, sirviendo a la cual perecen los que se alejan de ti, hay una vana y curiosa concupiscencia, paliada con el nombre de conocimiento y ciencia, que radica en el alma a través de los mismos sentidos del cuerpo, y que consiste no en deleitarse en la carne, sino en experimentar cosas por la carne. La cual [curiosidad], como radica en el apetito de conocer y los ojos ocupan el primer puesto entre los sentidos en orden a conocer, es llamada en el lenguaje divino concupiscencia de los ojos. “

Lo anterior significa un acto de humildad, lastimosamente gran número de personas viciadas por su propia soberbia, las ha llevado a crear doctrinas religiosas muy distorsionadas, tal es el ejemplo que dieron Buda, Mahoma, Martín Lutero, Beréngamo, y muchos más. A veces podríamos creer que fueron seducidos por las tentaciones del diablo. Por eso la Santa Biblia advierte que no hagamos caso a esos que dicen estar muy iluminados, y que fingen ser muy buenos pero que en el fondo son hipócritas, y toman la religión como medio para enriquecerse materialmente.

Cuando Jesús anunció a sus discípulos que los maestros de la ley lo iban a matar, el discípulo Pedro dijo: «¡Dios no lo quiera; Señor! ¡Esto no puede pasar!, pero Jesús se volvió y le dijo a Pedro: ¡Apártate de mí, Satanás, pues eres un tropiezo para mí. Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres!» (San Mateo 22-23).

Lo anterior evidencia, las veces que vemos cosas como simples hombres, pero sin entender, si de verdad son de mandato divino.

Ad Maiorem Dei Gloriam

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos