cartagena

Colombia se viste de fiesta y se llena de luces, cada diciembre. Cartagena amaneció con las plazas, los parques, las calles, los balcones de las casas del sector amurallado y las calles de los diferentes barrios de la ciudad, brillan con colores, de figuritas de ángeles, renos, papás Noel, copos de nieve en los postes de las Avenidas, luces en la Torre del Reloj, las murallas, el parque espíritu del manglar, en los balcones del Palacio de La Aduana y en la Bahía de Las Ánimas.

El alcalde Pedrito Pereira en tiempo record y acudiendo al sector privado inauguró el alumbrado navideño el 7 de diciembre, en esa misma fecha el gobernador de bolívar Dumek Turbay, prendió las luces en el parque espíritu del manglar todo esto con la ayuda de las mismas 32 empresas privadas que aportan todos los años para adornar las vías principales de la ciudad, quedando bien vista turísticamente y de esta manera Cartagena siga siendo reconocida como el lugar turístico por su ruta de luces en Navidad.

Al encender las luces tanto Gobernador cómo Alcalde lo hicieron a ritmo de villancicos y con juegos pirotécnicos; invitando a la ciudadanía a admirar estas hermosas muestras que entrelazan la magia de las luces y la tecnología con la magia tradicional de nuestra ciudad.
Con este alumbrado se busca que Cartagena esté a la altura de otras ciudades del país, que decoran por completo con luces navideñas sus espacios convirtiéndolos en un atractivo más, pretendiendo que además de ser atractiva para los turistas también lo sea para los cartageneros, paraqué se apropien de los lugares adornados, visitándolos y conservándolos. El alumbrado navideño es una bonita y sentida costumbre que se ha arraigado, en todas las ciudades del país. En Cartagena esta práctica, sumada a las fiestas de Independencia, se han convertido quizás en los eventos más importantes desde el punto de vista turístico.

De todas las celebraciones cristianas, posiblemente la Navidad sea la que ha dejado huellas más profundas en la cultura occidental. No sólo a través de las expresiones directamente ligadas a la fe, sino también en sus modalidades más o menos secularizadas, el festejo de la Navidad entraña una especie de “suspensión” del tiempo ordinario. Si tuviéramos que definir el sentimiento que prevalece en estos días, quizás habría que caracterizarlo como un intenso anhelo de paz. Un primer signo de este clima tan especial es la benevolencia: nos sentimos sinceramente impulsados a desear felicidades a todos, incluso a personas extrañas o que nos serían indiferentes en otras circunstancias. Al mismo tiempo, la mirada interior se vuelve introspectiva, esencial, e invita a hacernos preguntas sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida. Experimentamos con especial intensidad la importancia de los afectos y la necesidad de buscar la cercanía de familia y amigos.

La Navidad es también una especie de tregua para el pudor que en otros momentos no nos permite expresar el anhelo de un mundo mejor. En estos días somos capaces de formular nuestros deseos en voz alta, sin complejos, porque no nos parecen pueriles e ingenuos, y nos alegramos al descubrir, sorprendidos, que otros los comparten. De diferentes maneras rendimos homenaje a los valores más altos que confieren sentido y dignidad a la vida, aun cuando seamos conscientes de cuántas veces no los honramos efectivamente con nuestra conducta.

Estando la sensibilidad a flor de piel, es posible que muchos conflictos se reaviven, pero con frecuencia se torna evidente la existencia de un vínculo de solidaridad con las demás personas más profundo que cualquier diferencia o enfrentamiento. En la Edad Media, el Adviento y la Navidad estaban amparados por la Tregua de Dios: era un tiempo litúrgico en que los señores feudales deponían las armas, como signo de que la violencia no es el destino último del mundo. Son célebres también las crónicas de la Navidad en las trincheras, durante la Primera Guerra Mundial, que narran cómo durante días enteros los soldados de ambos bandos dejaban sus puestos de lucha para confraternizar, recuperando así la conciencia de su común humanidad, aunque poco tiempo después debieran sumergirse nuevamente en los horrores del combate. Gobernador y Alcalde Prendieron las luces de la Navidad.

Por: William Hundelhausen Carretero
Presidente Nacional APIC

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