GP de Italia 2016: Rosberg no se rinde

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El fin de semana no estaba siendo bueno. El Mercedes del otro lado del box no hacía otra cosa que superarle con pasmosa facilidad, casi como si fuera un coche distinto. Pero no lo era, y él lo sabía. En un circuito de largas rectas y pocas curvas, la diferencia de casi medio segundo en la clasificación a favor de Lewis Hamilton, cayó como un peso enorme sobre la cabeza de Nico Rosberg. ¿De dónde salía esa distancia?. Porque Hamilton estaba bloqueando ruedas, cometiendo errores (el viernes se le atragantaba la Variante della Roggia), parecía inconsistente, mientras que Rosberg era (marca de la casa) pura suavidad, avance veloz por medio del parque. Y entonces, ese medio segundo. La sonrisa amplia de Lewis y la cara seria de Nico. Tras varias carreras, ya no era ni siquiera el más rápido el sábado.

Así que ahí estaban los dos, en un duelo bajo el tórrido sol lombardo, colocando sus monoplazas en las posiciones de salida. Esperando la señal, tratando de ver más allá de las ondas de calor que se levantaban en el infinito, donde se supone que estaría la primera curva. Pero no hubo duelo. Lewis Hamilton falló estrepitosamente en la salida, las revoluciones bajaron, y una jauría de monoplazas se le echaron encima. Rosberg tenía el camino libre, salvo por un Ferrari en la zaga y otro a su izquierda, inquietando levemente su posición. Sólo había que proteger bien la zona buena para trazar la chicane. A partir de ahí, la pista se abrió para él mientras iba dejando a todos atrás.

Ferrari tuvo un inicio de carrera esperanzador. La salida de Sebastian Vettel encendió Monza. La distancia en la clasificación era enorme con Hamilton, y algo menor con Rosberg (tres décimas). Así que si la pelea era con Rosberg, quizás se podría soñar con luchar por la victoria. Colocarse primero era una opción real en los primeros metros, y casi lo consigue. Esa era la oportunidad de Ferrari, muy escasa, prácticamente nula. Pero un Ferrari liderando en Monza en la primera vuelta supone la locura orgiástica colectiva. Ya lo dijo Berger en 1988: “todo por liderar la primera vuelta, porque no lo haré en la última”. Las cosas de Monza. Pero una vez estabilizadas las posiciones, ambos Ferrari en el podio era una situación positiva. Ambos habían mostrado un gran ritmo todo el fin de semana, y nadie por detrás suyo les inquietó en ningún momento. El coche podía atacar bien los pianos, algo clave aquí, por lo que el podio volvía a ser un resultado prácticamente fijo, unido a la buena evolución del motor.

Por detrás, Lewis Hamilton cayó a sexto lugar. Tenía el coche. Tenía el ritmo. Pero la posibilidad de victoria se había esfumado, y tendría que trabajar bastante para llegar a la segunda posición, esa que siempre decimos que supone la posición mínima llevando un Mercedes. Se deshizo rápido de Ricciardo y de Bottas, y ya era cuarto. Los Ferrari iban a ser más complejos en el cuerpo a cuerpo, pero las diferentes estrategias de ambos equipos facilitaban mucho el trabajo a Lewis. Sólo tenía que acercarse, y esperar: él iría a una parada, los Ferrari a dos. La segunda posición era, relativamente, cosa hecha. Pero la victoria también lo era en su cabeza unos minutos antes, y ahora corría a la defensiva en clave de campeonato.

Cuando empezaron a realizarse los cambios de neumático, las posiciones quedaron definidas: Nico Rosberg en la distancia, mimando su coche en la vorágine de la velocidad. Lewis Hamilton, intentando recortar tiempo sin conseguirlo. Los Ferrari por detrás, sin nada que lograr por delante, y nadie a quien temer por detrás.

Porque los Red Bull no estuvieron en todo el Gran Premio. Curioso, dado que Renault sostiene que su motor ya está al nivel del Ferrari, o al menos Daniel Ricciardo así lo cree. De estarlo, en Monza se hubiera percibido una diferencia menor. Y con la bondad del chasis Red Bull, hubieran estado en la pelea, como ya lo estaban en temporadas pasadas, incluso ganando. No, esta vez el Red Bull pagó la factura de su motor Renault rebautizado Tag Heuer, y se vio superado por Ferrari y luchando con equipos que ya estaban superados. Aún así, Daniel Ricciardo salió bien, pero Max Verstappen no, perdiendo muchas posiciones desde la séptima inicial. El holandés está bajo mucha atención mediática, especialmente es Spa y aquí, donde, de ser ciertas unas declaraciones suyas sobre Jacques Villeneuve, él mismo se habría colocado bajo presión mediática. También estaba el sermón que Charlie Whiting debió darle sobre lo ocurrido en Bélgica. No fue una buena carrera para Max, que aún así fue remontado hasta llegar a su séptimo lugar inicial, lo que nos indica que en el pilotaje sigue estando a un gran nivel. Sería bueno que el jovencísimo holandés recibiera calma de su entorno. Ricciardo peleó con Bottas, que estaba realizando una gran carrera con el Williams, y protagonizó el adelantamiento del día en la vuelta 47: desde muy lejos, llegando a la Variante del Rettifilo (primera curva), Daniel lanzó el coche al interior con arrojo y precisión. El colmillo asesino del competidor. Bottas fue limpio, pero el ataque de Ricciardo fue implacable. Lo mismo que en la vuelta 49, llegando a la segunda curva, Verstappen se lanzó con la misma vehemencia sobre Sergio Pérez para ocupar el séptimo lugar. Dos movimientos preciosos.

Carlos Sainz no pudo hacer prácticamente nada. Su Toro Rosso no evoluciona, y su motor, el Ferrari de 2015, menos aún. Así que en el circuito de la velocidad pura, el decimoquinto puesto fue lo único que pudo obtener. Por su parte, Fernando Alonso ya advertía que Monza era el peor lugar del año. Pero una cosa es lo que dice, y otra lo que hace el asturiano. Su salida fue de nuevo estupenda, y se colocó en posición de puntos. Obviamente era una utopía en este día. Pero el Mclaren-Honda (que en los libres volvió a tener algunos problemas de fiabilidad) mantenía bastante el tipo. En la Variante Ascari, en el demoledor cambio de dirección que hay que hacer en la salida, gas a fondo, con mucha precisión, el coche se mostraba dócil, sin ser un Mercedes, Red Bull o Ferrari. Pero no se veía la inestabilidad de hace un año. Pasaba con suavidad y permitía aplicar la potencia sin fisuras hacia la recta. Hubo algún momento irónico, cuando Alonso se rió por radio del mensaje de su ingeniero de que el Haas de Romain Grosjean podría estar al alcance. Pero luego, Fernando marcó la vuelta rápida de carrera. Cierto, fuegos artificiales: entró en boxes a por neumáticos superblandos faltando tres vueltas, y con poca gasolina y la unidad de potencia en modo clasificación, marcó un 1:25:340, medio segundo mejor que el marcado por Daniel Ricciardo, también en los últimos compases pero con neumáticos muy gastados. Era una prueba, un brindis al sol, una cuestión interna en el equipo, pero la vuelta rápida queda registrada. Jenson Button, que será sustituido por Stoffel Vandoorne en 2017, le superó en pista, pero tampoco llegó a los puntos.

Destaquemos a los Haas, que con el motor Ferrari evolucionado tuvieron un buen fin de semana, aunque sin puntos. Esteban Gutiérrez se clasificó décimo, pero una mala salida le relegó incluso por detrás de su compañero Romain Grosjean. Pero ambos fueron remontando hasta acabar undécimo y duodécimo, con el francés por delante. Es un proyecto que este año funciona bastante bien, pero habrá que ver si la temporada que viene pueden mantener el nivel o mejorarlo, porque está siendo un debut de equipo muy interesante. La alianza con Ferrari ayuda, por supuesto.

La carrera estaba estabilizada, y los cinco mejores equipos estaban en los puntos con sus dos coches: Mercedes, Ferrari, Red Bull, Williams y Force India. Curioso que ocurriese lo mismo en Bakú, precisamente un circuito muy rápido, pese a ser urbano. Por delante, Hamilton lo intentaba desde la segunda posición. La distancia era grande, pero quizás pudiera comprometer a Rosberg si empezaba a acercarse. Pero cometió un error en la vuelta 41, pasándose de frenada en la primera chicane. Nunca iba a llegar, y desde el box llegaron mensajes conservadores. Esta vez, la carrera estaba perdida.

Así que Nico Rosberg se dejó llevar. Disfrutó de Monza, donde nunca había tenido muy buenas actuaciones. Conseguía la séptima victoria del año, una más que Hamilton, en la que ya es su mejor temporada al respecto. Y se colocaba a sólo dos puntos de su compañero,justo a falta de siete carreras. Es casi empezar de cero. Recibió silbidos en el podio, tradición monzesa si no gana un Ferrari, pero supo ganarse al público hablando en italiano y cantando, revirtiendo la situación, como en la pista. Como en los ánimos: ahora Rosberg sonreía ampliamente, y Hamilton tenía la cara seria. La lucha no ha terminado.

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