En el marco del XVI Congreso Nacional de la Confederación Nacional de Cooperativas, Confecoop, celebrado en Cartagena el pasado agosto, además de un diagnóstico del sector, se hizo un análisis de la desigualdad impulsada por el neoliberalismo, causante de la miseria y pobreza de una inmensa capa de la población. El cooperativismo tiene 86 años de historia en Colombia pero, a pesar de su desarrollo, aún no se consolida como decisivo en procura de resolver los graves problemas a sus afiliados, menos a toda la población, que se apegan a la economía solidaria como tabla de salvación. Independientemente del papel que el Gobierno le asignó al cooperativismo en la implementación de los Acuerdos de la Habana –para que le ayude a resolver su encrucijada–, este debe propender por llegar a más habitantes, como lo planteó Confecoop, siendo un modelo solidario válido, visible y muy fuerte. En otras palabras, tiene que abrirse y dejar el “enconchamiento”, comenzando por la dirigencia. Solo haciendo fuerte al sector solidario, este se convertirá en un actor válido y activo para el Gobierno Nacional; la fuerza de su crecimiento es lo que puede llevar a la transformación de su marco legal y económico.

Lo anterior no le resta importancia a la Mesa de Trabajo del sector cooperativo, que funciona cada mes con el Gobierno para poner en su conocimiento las trabas que existen para su verdadero desarrollo, en comparación con las garantías de las que goza en otros países. El anuncio de definir un documento CONPES, construir una Política Pública y un Plan de Desarrollo para el sector, tendrá el tropiezo de la ideología neoliberal del Gobierno, que bajo el dogma del libre mercado, encuentra al sector solidario como “un dinosaurio pidiendo medidas protectoras”, máxime cuando su crecimiento lo convierte en un enemigo del especulador sector financiero, que con el respaldo del gobierno, busca engullirse su nicho de mercado. Es en esta contradicción antagónica en donde radica la importancia de que el sector llegue a más capas de la población para colocarse en capacidad de fuerza para una negociación.

Este planteamiento quedó patentizado en el evento con la intervención de los candidatos presidenciales Claudia López, Marta Lucía Ramírez, Iván Duque, Humberto de La Calle y Jorge Enrique Robledo. Con la excepción de López y Robledo, los demás candidatos han sido altos funcionarios de los gobiernos de Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe y Santos, caracterizados neoliberales, a los cuales Ramírez, Duque y de La Calle les adjuran con fidelidad la bendición para ser ungidos. En este congreso, los tres se mostraron como los más grandes y convencidos cooperativistas, a pesar de haber estado en esos gobiernos en los que los recursos del sector –vía impuestos– han financiado desde la guerra hasta la educación, como si fueran dineros públicos. “Acá hay unas candidaturas que son más de lo mismo, que quieren reelegir el continuismo. Nosotros vamos por el cambio. Vamos a defender la economía empresarial, pero no exclusivamente a la de los monopolios y transnacionales; debe ser para todos. Hay nichos de la economía que deben dejarse al cooperativismo. El cooperativismo ha sido maltratado durante 25 años de neoliberalismo.

Aquí vienen candidatos, les ofrecen de todo pero al final son puros engaños”, les dijo Jorge Robledo. ¡Yo le creo a Robledo!

Por: JOSÉ ARLEX ARIAS ARIAS
Comunicador Social – Periodista