Santa Teresa de Jesús tuvo otro amor, aparte de Dios. Uno más carnal y menos confesable: Jerónimo Gracián. A él le dirige una de las dos cartas manuscritas e inéditas halladas en el marco de una operación de la Guardia Civil, junto a 19 obras de arte.

Santa Teresa tenía ya cerca de 60 años, pero eso no impidió que se apasionara con ese fraile joven y comprometido, dispuesto a acompañarla en la renovación de una iglesia carcomida por la depravación que en aquellos años (1578), con algunos frailes bebedores y puteros y monjas corrompidas; el ámbito eclesiástico se encontraba inmerso en arduas luchas de poder entre los dos grupos de carmelitas, los calzados y los descalzos.

“Para mi padre el maestro fray Jerónimo Gracián de la madre de Dios, en su mano…”, arranca la misiva. Teresa de Jesús y Gracián tuvieron que soportar las habladurías que su relación provocaba en su comunidad religiosa.

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Sobre todo Gracián, que acabó huyendo de sus propios hermanos, los carmelitas descalzos, que lograron expulsarlo de España. “Fue perseguido por seguir las ideas de una mujer, fue apresado por corsarios y acabó siendo acogido por quienes habían sido sus adversarios: los carmelitas calzados”, comentaba el periodista y escritor Fernando Delgado, que escribió un novela basada en la relación entre ambos: Sus ojos en mí.

“…En harta gracia nos ha caído lo que le respondió a los calzados para la obra que ellos meten ya en Medina y cómo persuaden a las monjas que obedezcan al provincial del paño”, le escribe el 19 de agosto de 1578 desde Ávila.

“Está allí Valdemoro por vicario, que no obtuvo votos para Prior y déjole el provincial por vicario para que remediase aquella casa; y el, desde lo de marras, está muy mal con la priora Alberta. Andan diciendo que les han de servir y mucha cosa. Las otras, muertas de miedo de él. Ya las ha asegurado”.

Son muchas las preocupaciones de la Santa en esos momentos. Gracián está en Madrid, bien alojado, pero medio escondido y sin osar presentarse ante el nuncio Sega. Fray Juan de la Cruz huyó de la cárcel. Ella lo ignora y sigue angustiada por la suerte de ese Santo. El General de la Orden, que con ella mantiene absoluto mutismo, escribió a una monja de la Encarnación una carta desalentadora. La Santa tiene que tranquilizar a las carmelitas de Medina, aterrorizadas por la llegada de Valdemoro, uno de los carceleros de Fray Juan de la Cruz.

Las dos cartas han sido encontradas después de que el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil en Valladolid, España, en el marco las actuaciones que lleva a cabo para la protección y salvaguardar el Patrimonio Histórico y Arqueológico, recuperase 19 obras de arte que se encontraban en el mercado ilícito y cinco piezas que el arzobispado de Valladolid daba en paradero desconocido.