Una cría de serpiente que salió del huevo hace 99 millones de años en el sudeste asiático nunca tuvo la oportunidad de crecer. El pequeño reptil encontró un pegajoso final en la resina de un árbol que se convirtió en su tumba de ámbar, informa el portal Live Science.

La pieza de ámbar era originalmente de propiedad privada, pero fue donada al museo del Instituto de Paleontología Dexu, cerca de Pekín, donde los investigadores pudieron analizarla.

De acuerdo con un estudio, el trozo de ámbar contiene dos fósiles notables. El más valioso es el de la cría de serpiente, perteneciente al Cretácico. Los científicos han identificado 97 vértebras del reptil recién nacido, que miden 4,8 centímetros de longitud. A la pequeña serpiente le falta la cabeza, pero los autores del estudio pudieron identificarla como una nueva especie a la que han llamado ‘Xiaophis myanmarensis’, ha comentado el coautor del estudio, Michael Caldwell, profesor del departamento de ciencias biológicas de la Universidad de Alberta, en Canadá.


El otro fósil es un trozo de piel de una serpiente de mayor tamaño. Pero el fragmento es tan pequeño que los científicos no han podido determinar con certeza si pertenece a la misma especie que la cría.

Ambos hallazgos constituyen una prueba intrigante sobre los antepasados de las serpientes modernas que vivieron hace millones de años. El fósil de la cría de serpiente, además, se considera el más antiguo de este tipo conocido hasta el momento.

Atrapados en la misma pieza de ámbar se encontraron otros restos orgánicos menos emocionantes que el esqueleto y la piel, que sin embargo proporcionan detalles sobre el hábitat en el que vivió este primitivo reptil, afirma Caldwell.

“El ámbar recolecta todo lo que toca, más o menos como un pegamento, y luego lo conserva durante cien millones de años”, dice el científico. “Cuando atrapó a la serpiente bebé, atrapó también el suelo del bosque, con sus insectos, plantas y excrementos de insectos, por lo que está claro que la serpiente vivía en un bosque“.