La estrella más cercana (aparte del Sol) a nuestro sistema solar es Centauri que está a unos 4 años luz, o a unos treinta y siete billones de kilómetros.

Últimamente, un grupo de astrónomos supone de la existencia de un planeta que gira alrededor de Centauri,  y que es muy similar al nuestro; entonces,  para viajar a ese lugar se necesitaría el tiempo antes indicado.

Por otra parte, sería necesario construir naves capaces de alcanzar  la velocidad de la luz,  empero, es sabido que si un cuerpo rebasa esa velocidad su masa se desintegraría.  Tan solo dicho aspecto, hace también que sea remota la venida de seres extraterrestres hasta nuestro planeta.

En los últimos años, se ha creado toda una cultura en torno a la creencia de “alienígenas ancestrales”, lo cual no pasa de simple especulación. Ciertamente, todos los días en diversas partes de nuestro planeta se reportan muchos avistamientos de luces extrañas y objetos voladores no identificados. Realmente, la mayoría de casos responde a fenómenos metereológicos, aerolitos y distorsiones de la luz que inciden en satélites artificiales o basura espacial (restos de tales satélites), entre otros.

Por otra parte, es viable que los ejércitos de países muy avanzados en tecnología, hallan desde  la época de la Segunda Guerra Mundial, aparatos de pruebas con formas de platillos, cilindros, triángulos o con formas mixtas.

Retomando, el tema de la posibilidad de vida orgánica en otras parte del cosmos, para que esto suceda, deberían darse una serie de condiciones,  tales como la presencia de una estrella y un planeta  con similar  patrón de rotación y traslación, y la presencia de una luna, lo cual combinadamente establecería los mismos regímenes de vientos, mareas y los ciclos similares de  unas doce horas de día y de unas doce horas de noche.  También, sería necesario que tal planeta estuviera a una distancia  dentro de un rango o zona de confort, con respecto a su estrella.

Sobre este asunto, el astrofísico Stephen Hawkins  consideró: Los patrones estacionales del clima terrestre están determinados principalmente por la inclinación del eje de rotación de la Tierra con respecto al plano de su órbita alrededor del Sol. Por ejemplo, durante el invierno en el hemisferio septentrional, el Polo Norte tiene una inclinación que lo aleja del Sol. El hecho de que la Tierra se halle más cerca del Sol en esa época—sólo unos 146,4 millones de kilómetros, en comparación con los 150,8 millones de kilómetros a que se encuentra a principios de julio tiene un efecto despreciable sobre la temperatura, en comparación con los electos de la inclinación.”

Pese a lo anterior, se ha de enfatizar que si esa traslación elipsoide llegase a cambiar significativamente, es posible que pronto se generasen cambios bruscos (climáticos y estacionales) capaces de extinguir la vida orgánica en la Tierra.

Por otra parte, se sabe que  gracias al tamaño del globo terráqueo, se define determinada fuerza de atracción capaz  de sostener la atmósfera en las condiciones en que la conocemos.  Además, nuestra atmósfera no se formó como tal en un solo momento, sino que fueron necesarios millones de años hasta llegar a contener las condiciones, óptimas para permitir la vida orgánica. Es más, ni Marte posee la capacidad para crear una atmósfera capaz de proteger  vida orgánica ante  radiación ultravioleta del Sol, que es muchas veces más intensa con respecto a la que penetra en la Tierra.  Incluso, de acuerdo al tamaño de Marte, es imposible que su fuerza gravitacional pueda retener una atmósfera como tal. Por eso, las expectativas de la NASA y otras agencias espaciales pueden ser una utopía o una charlatanería, de sus mismos científicos.

Pero, si de verdad en alguna parte del universo, hay formas de vida, es posible que sean muy arcaicas. Pese a lo anterior, si las condiciones que ya se mencionaron no están todas presentes al mismo tiempo, es imposible la evolución de formas de vida complejas, ni de seres homínidos, menos la aparición de humanos como tal.

Eso sí, a la luz de la fe monoteísta y cristiana, debemos entender que Dios, por un acto especial decidió conformar un planeta único respecto al resto del Universo, y con un mundo necesitado de una redención especial, a través de la venida de Cristo a la Tierra, pero con un sentido de trascendencia divina (inmaterial).

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos