Hedwig Eva Maria Kiesler, mejor conocida como Hedy Lamarr, fue una famosa actriz de cine austríaca naturalizada estadounidense. Pero además, Hedy fue una brillante técnico-científica puesto que coinventó la primera versión del espectro ensanchado por salto de frecuencia lo que permitiría, ya en nuestros tiempos, las comunicaciones inalámbricas (“wireless”) de larga distancia.

Nacida en Viena en 1913, aunque el registro civil cita 1914, hija única de familia judía, su madre era pianista nacida en Budapest, Hungría, y su padre era banquero original de Leópolis, Ucrania. Como su madre, culta y políglota, desde pequeña aprendió a tocar el piano de manera destacada y sus profesores apreciaban su inteligencia al punto de considerarla una niña superdotada. Practicó ballet y fue educada en alemán, húngaro, francés e inglés. Frecuentó un colegio internado en Suiza donde estudiaban niñas de clase alta y de la nobleza.

A los 16 años inició sus estudios de ingeniería pero, brillante e inquieta como era, a los 19 abandonó su carrera académica para dedicarse al teatro. En Berlín fue alumna del prestigioso director de cine-teatro Max Reinhardt. Pronto sería mundialmente conocida por unas secuencias del film “Éxtasis” en las que aparece paseando por un bosque totalmente desnuda y, también, donde simula un orgasmo en primer plano. Estallado el gran escándalo, la película luego fue retirada de las salas el mismo año que Hitler era elegido Canciller, en 1933.

Mientras tanto Hedy logró una parte en una pieza teatral en la cual interpretaba la princesa Sissi (Isabel de Baviera) y gracias a este apreciado y elogiado papel conoció al hombre que fue su primer marido, el industrial austríaco Friedrich “Fritz” Mandl.

El matrimonio Mandl-Kiesler vivía en un castillo en Salzburg, una jaula dorada; sin embargo, Hedy no era feliz. Un día, vestida de camarera y con los bolsillos llenos de joyas, Hedy se escapó a Suiza y luego a París y Londres. El matrimonio fue anulado en 1936 por motivos raciales. Re-bautizada como Hedy Lamarr por el productor Louis B. Mayer, patrón de la Metro Goldwyn Mayer, la actriz buscó éxito artístico en América.

“Argel” fue el primer film realizado en Hollywood donde aparece con su nuevo nombre y al lado del galán francés Charles Boyer: fue un éxito planetario y Hedy se convirtió en una estrella. Muchas otras películas siguieron con menor o mayor éxito. Entre 1940 y 1949 rodó 18 películas con las mejores parejas cinematográficas de entonces: Robert Taylor, Clark Gable, Spencer Tracy, Jimmy Stewart, George Sanders, etc. Hay tres que vale la pena recordar: “La Dama de los Trópicos” con Robert Taylor; “Fruto Dorado” al lado de Clark Gable y Spencer Tracy; y “Sansón y Dalila” con Victor Mature.

Hasta el día de hoy Hedy Lamar es considerada una de las mujeres más bellas que hayan aparecido en la pantalla cinematográfica y en su época fue un icono global de la belleza.

A pesar del rutilante éxito cinematográfico, del cual también llegó a aburrirse, Hedy no descartó definitivamente sus estudios de ingeniería aplicada y, con la Segunda Guerra Mundial en curso, quiso poner a fruto las informaciones que había obtenido durante su primer breve matrimonio. Las charlas con su ex esposo obviamente incluían temas militares, sobre armas y sistemas de comunicación, y Hedy ahora deseaba realizar algo técnicamente útil en la causa contra el nazismo.

Inició apoyando de lleno la campaña de los bonos de guerra: por cada US$ 25.000,00 comprados se conseguía un beso de Hedy Lamarr y en el trascurso de una única noche Hedy vendió 280 besos o sea ¡US$ 7 millones en bonos! Una recaudación impresionante y eso que aún seguía siendo austríaca y oficialmente no se le otorgó ciudadanía americana hasta 1953.

En París, Hedy conoció al pianista-compositor vanguardista George Antheil y juntos empezaron a trabajar en un proyecto llamado “Secret Communication System” que tenía como objetivo hacer indecifrables los mensajes entre un radio trasmisor y los torpedos submarinos. Partiendo de las 88 teclas de un simple teclado de piano los dos realizaron un sistema que operaba bajo el principio que si tanto el transmisor como el receptor pudieran saltar simultáneamente de frecuencia (sistema “Frequency Hopping Spread Spectrum” o FHSS), pues entonces cualquiera que intentara interrumpir la señal no sabría localizarla y ello permitiría a los siluros guiados vía radio hacer su curso sin ser interceptados.

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El proyecto, finalizado para ayudar la Marina Americana en la Segunda Guerra Mundial, fue presentado al “National Inventors Council” (Consejo Nacional de Inventores) de Washington y patentado el 11 de agosto de 1942 como “Sistema de Comunicación Secreto – no. 2.292.387”. Sin embargo, esta invención nunca llegó a ser utilizada puesto que la Marina Americana no la consideró suficientemente fiable y practicable.

Re-descubierto veinte años más tarde, el aparato militar americano sí aplicó el sistema durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962 y luego en la guerra en Vietnam. El sistema de defensa norteamericano “Milstar” tambien hace uso de esta técnica y hoy en día este sistema es la base de la tecnología móvil inalámbrica (“wireless”) y de sus varias derivaciones como el GPS, WIFI, Bluetooth y otros desarrollos electrónicos.

Gracias a estas invenciones Lamarr y Antheil obtuvieron el prestigioso reconocimiento de parte de la “National Inventors Hall of Fame” de América en la cual fueron incluidos en 2014. Entre rodajes, Lamarr mataba el tiempo concibiendo inventos: ingenió un escudo anti-aéreo; realizó una versión mejorada de los semáforos del tráfico vehicular; ayudó al excéntrico magnate Howard Hughes en crear un avión más rápido, estudiando la aerodinámica de los pájaros y la fisionomía de los peces; etc. Su privilegiada inteligencia analítica y su imaginación eran imparables.

Hedy Lamarr en realidad nunca fue la típica actriz de Hollywood, concentrada en su carrera cinematográfica y en las intrigas de esa corte que perpetúa el “star system”. De hecho, Hedy era abstemia, amaba socializar con gente inteligente y culta y, además, fue una gran melómana, practicó la pintura abstracta y tenía una interesante colección de arte moderno.

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Con Clark Gable

Lamarr se casó seis veces y tuvo varios amantes. Anheló el amor de su vida, lo cual posiblemente fuera su mismo padre. “No me avergüenzo de declarar que no he conocido ningún hombre comparable con mi padre,” confesó una vez “y que nunca amé a ningún hombre tanto como a él. En su despacho había un escritorio, cuando era niña. Me volvería a sentar debajo, como si estuviera en escena, y representaría cosas tales como las fantásticas historias que entonces mi padre me contaba”. Tuvo la dicha de tener tres hijos, dos niños y una niña, dos biológicos y uno adoptado.

Con el declive de su carrera cinematográfica Hedy inició un consumo masivo de pastillas y se obsesionó con la cirugía estética. También sufrió apuros financieros y se volvió cleptómana originando, además, varios escándalos al ser detenida en más de una ocasión.

Finalmente, se recluyó en su mansión en Florida alejada de un mundo que en los años ’80-90 iniciaba a celebrar y disfrutar de aquellas aplicaciones tecnológicas que ella había co-inventado pero de las cuales, tanto económicamente como científicamente, poco o nada se le había reconocido.

Falleció en 2000 en Casselberry, Florida y, según sus deseos, sus cenizas fueron en parte dispersadas en las colinas de la Selva de Viena, cerca de su casa natal, y en parte están depositadas en un memorial público en Viena con el siguiente epitafio:

“Las películas suceden en un lugar determinado en un periodo de tiempo concreto.
La tecnología es para siempre.”
Hedy Lamarr

Cada 9 de noviembre – fecha de nacimiento de Hedwig Eva Maria Kiesler – en Austria se celebra el “Día del Inventor” en su honor: ¡la inventora más bella del mundo!

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Por: Nereyda Guerrero De Manderioli
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