Escribo desde el mar y la playa a aquel hombre que toma su barca desafiando la tempestad para ir a la pesca.

Y el mar enfurecido lo abraza mientras tira la red.

Y pasan las horas bajo el sol quemante del día, y al llegar la noche lo abriga el fulgor de las estrellas.

Escribo desde la montaña, al hombre que encuentra su fortaleza en la pradera que se estaciona en el invierno, en espera de la semilla.

Y bajo la lluvia enceguecedora toma su alforja y empieza a sembrar la tierra, ávida de sus manos que son caricias para germinar el trigo, y recoger la estepa.

Escribo desde los suburbios en la gran ciudad, donde el pan es escaso, donde la pobreza hiere el corazón del humilde hombre que abandonó su agro, para soñar con letras, con títulos y comida en la alacena.

Escribo desde el recóndito agujero cavado en el alma de los desposeídos padres que deambulan por calles y plazas, buscando el sustento para mitigar el hambre y la sed, y en medio de todo aquello sonríe para disimular sus lágrimas.

Escribo al Padre aquel que en medio de los sinsabores de su destino, levanta bandera, y está presto en la mañana a doblegar sus penas y a responder en su desdichada vida por los que ama.

Escribo a todos los Padres de mi tierra, en un sentido homenaje a su decencia y coraje para gestionar sus vidas, a pesar de ser marginados por una sociedad carente de sentido de protección a los más necesitados hombres, olvidando que son pilares de un conglomerado social para avanzar al logro y alcance de una nación justa y solidaria.

¡Feliz día a todos los padres del mundo!

Por: Lucy Angélica García Chica
Lucy-Angelica-Garcia-Chica

Escritora y Poeta